Publicado por Braulio Llamero on 25, Abril, 2007
“… ¿Deberé entender que existe y se valora una cultura que se genera precisamente en el interior de la necesidad y del cansancio y que conlleva rasgos de tipicidad, a la vez que existe y predomina una cultura que se desprende en modo natural de células familiares o sociales afortunadas, una cultura, esta segunda, que lleva consigo bibliotecas selectas, estudios avanzados y conocimiento numeroso de idiomas, pongo por ejemplo?
“Porque yo vengo de la penuria y del trabajo alienante. Mis fuentes, en lo que concierne al saber, a la vigilia de la sensibilidad y al acendramiento de la conciencia, son, permítaseme decirlo crudamente, de baja extracción. Tengo que pensar que sí, que existe un estado pasional del pensamiento nacido en la pobreza y servido por el infortunio; un algo que, de aquí en adelante, nombraré diciendo simplemente cultura de la pobreza, y que esta cultura es, de algún modo, diferenciable de la que prospera a partir de una situación privilegiada.
“Dentro de esa cultura de la pobreza yo no soy más que un caso mínimo y ocasional. Mínimo, dentro del inmenso dolor planetario; ocasional, porque mi vida se ha hecho, finalmente, llevadera.
” … Pero, dentro de la cultura de la pobreza, ¿quién soy yo al lado de un François Villon, de un César Vallejo o de un Miguel de Cervantes? Miguel de Cervantes, para permanecer en la vida, tenía que ofrecerse a la muerte, vender su sangre en el mercado de las grandes empresas negociadas a la contra entre los poderosos y extender su mano ante estos mismos mendigando auxilios; no pudo hacer lo que antes llamé “estudios avanzados”, no sabía latín ni cursó en la universidad; y quizá hubo de mirarse a sí mismo con dolor o con desprecio en razón de alguna negra personería y del escondido comercio que de su cuerpo habían de hacer sus hermanas”.
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(Fragmentos del bellísimo, impecable y e implacable discurso del poeta Antonio Gamoneda al recibir el Premio Cervantes 2007. He “colgado”, como página aparte, el texo íntegro de sus palabras. Creo que merece la pena una lectura atenta)
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Publicado por Braulio Llamero on 17, Abril, 2007
Tolkien publica una nueva novela 34 años después de su muerte
(Acabo de leer este titular o prueba irrefutable de la inmortalidad de los escritores, así como de la vida después de la vida. Vease también la portada del flamante libro escrito desde la tumba por Tolkien. No me extraña que se publique tanto, si ya escriben hasta los muertos).
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Publicado por Braulio Llamero on 16, Abril, 2007
No serán seres vivos, pero lo parecen. Las palabras. También ellas nacen, se reproducen y mueren. La reproducción la hacen a veces por si mismas, a lo hermafrodita, haciendo que les salgan palabras derivadas de todo tipo. Otras veces se aparean con otras palabras, forman las llamadas compuestas y dan a luz nuevos términos con nuevos significados. Y por supuesto, mueren. Un día deja de faltarles el oxígeno del uso, caen en el olvido y dejan de existir.
La Academia Española de la Lengua anda preparando un nuevo Diccionario en el que va a suprimir un buen número de vocablos en desuso; es decir, palabras muertas; es decir, va a proceder al sepelio de palabras fallecidas que ya nadie usa ni sabría usar. ¿O ocaso conoce alguien el significado de “piujar”, “retrónica”, “lanteja”, “lagana”, “cader”, “fallazgo”, “acertajo”", “churriana”, “alfonsearse ” o “atraquina”? Entre otros.
Pero duele. Todas las muertes duelen, incluso cuando no has tenido ocasión de tratar al finado. La Academia se dispone a dar digno entierro a palabras muertas hace mucho tiempo. Y uno, humildísimo feligrés de la secta que no reconoce otro dios que el de las palabras, enhebra como puede este lamento en su honor. Descansen en paz las palabras que nunca volvimos a pronunciar.
Y me permito una sugerencia para la Academica. Planee un nuevo Diccionario que sirva de Cementerio a las Palabras Muertas. Irán a él cuanta palabra dejar de figurar en los Diccionarios de la Lengua Viva. Y tendrán así un homenaje eterno de quienes tanto les debemos.
Es Gracia que espero alcanzar de Sus Ilustrístimas y Excelentísimos, los señores Académicos de la Lengua (los listos, o sea; que son dos o tres).
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Publicado por Braulio Llamero on 9, Abril, 2007
Tras serle cortado el suministro de agua, por falta de pago, Juan Dársena bajó al piso de la vecina, envuelto en una toalla de baño:
-¿Me permites usar tu ducha, por favor?
La vecina era viuda y acaba de cumplir los cuarenta y tres. Vivía sola. Lo mandó pasar. Y le arrebató la toalla sin compasión.
Entendámonos: Eso contaba Dársena y los amigos movíamos la cabeza, sin más.
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