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blog de notas literarias e intermitentes

Polémica abierta

Publicado por Braulio Llamero on 17, Noviembre, 2007

Aunque es largo, sugiero que nos os perdáis el último texto de Vicente Verdú, en el País, bajo el título: “Reglas para la superviviencia de la novela”. Es provocador, muy discutible pero también repleto de sugerencias. El inicio es ya de lo más provocativo:

“Que los últimos cinco premios Herralde de novela hayan recaído sin cesar sobre escritores latinoamericanos no debe considerarse un simple azar. La novela que todavía se premia responde al molde tradicional y este producto no se cultiva con la debida dignidad sino en la periferia del sistema…”.

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7 comentarios a “Polémica abierta”

  1. Apostillas literarias Dice:

    Este artículo ha causado sensación, está siendo muy citado, es muy bueno. Yo solamente quisiera decir que al leerlo dan ganas de ser escritor.

    Un abrazo
    Magda

  2. JMLarumbe Dice:

    No hay escritor publicado, que en uno u otro momento de su vida literaria no de su opinión sobre cómo se escribe una novela, o ?peor aún? cómo debería escribirse. En esta ocasión Vicente Verdú, no precisamente un superventas y verán porqué no lo es, nos da su opinión desde el babelia de El País. Con ese título tan pomposo: Reglas para la Supervivencia de la Novela.

    Verdú no lee todo lo que se publica en España. Nadie lo hace. Y de lo que se publica, hay productos ?pues el libro, la obra literaria terminada no es más que otro producto- muy dignos y sin apenas eco por la escasa promoción y la creciente competitividad en los estantes de las librerías. La novela de autor? Es cierto que ese tipo de novela se escribe menos. Pero Verdú no se pregunta porqué. ¿Quizá porque no se vende? ¿Tal vez porque las editoriales ya no desean ese tipo de producto y prefieren tramas policíacas, románticas e incluso de ciencia-ficción o de autores con proyección mediática antes que la obra de un tipo que jamás salió de su pueblo, como Proust, mirándose el ombligo y soltando al mundo lo que piensa él ?que nunca ha vivido una experiencia ?fuerte?- de la vida, la muerte y demás incógnitas?

    Personalmente, si en una contraportada leo que el autor es de lo más normal y burgués, no leeré una novela de autor con ese tipo de trama existencial. No tiene crédito suficiente en la vida para escribir ese tipo de obra. Sucede con los escritores jóvenes, y recuerdo aquí al premio Nadal de aquel año, Maestre creo que se apellidaba. Su libro: ?Matando dinosaurios con tirachinas? hablaba del paro y de la vida de un joven, el propio autor, en primera persona, en casa de sus padres. Resultó un fiasco.

    Y Verdú está contra los comics, las series de tv, y el cine. ¿No se ha dado cuenta de que hoy la verdadera literatura está en esos lugares por el simple hecho de que se paga mejor y que los autores han de vivir de su obra y no de los ?bolos? como el mismo Verdú con sus columnas en EL Pais y otros diarios a 300 euros o más cada entrega? Desde la torre de marfil las vistas siempre son rosáceas y con puesta de sol.

    Pero sucede que los tiempos avanzan y el futuro siempre está al doblar la esquina, como bien saben los escritores de CIFI. Y no es menos cierto que el gusto cambia. Leí a Proust con 24 años. Y a Dostoiewsky, y a otros rusos. Hoy no lo haría salvo para consultar algún aspecto de su obra. Pero recomiendo leerlos. Hay que leerlos. No escribir como ellos.

    En su artículo, escrito con voluntad polémica, olvida el amigo Verdú que toda la obra de Dumas, por ejemplo, se escribió para los dominicales de los diarios, y por entregas. Lean el Conde de Montecristo o los Tres mosqueteros, y lo verán. Y que Dumas, Balzac, Verne, Stevenson, Scott, e incluso muchos poetas, se mataban por publicar en los diarios, porque es lo que les daba dinero. Debería documentarse más.

    ¿Volvemos al escritor autorial? ¿Al tipo que escribe en primera persona desde su ombligo sobre lo divino y lo humano sin tener ni puñetera idea de poner sus ideas en boca de algún personaje? ¿Sin haber salido de su pueblo? ¿Sin haber vivido tres o cuatro penurias y miserias de las de verdad, de las de pasar hambre? Es uno de los secretos de Paul Auster, por ejemplo. Él sabe de lo que habla y lo respeto por ello.

    Si no das una trama al lector, que no tiene porqué ser policíaca, el lector se aburre. La literatura ha de competir con el cine, sí. Con el dvd en casa, con la tele por cable, con los vuelos baratos y el movimiento y el trasiego de la vida moderna. De la vida moderna, sr Verdú, no de la vida monástica de las alturas del Monte Athos Olvida también que sin esa técnica del oficio -recurso que Verdú domina bastante bien- no se mantiene hoy en día a un lector enganchado a 300 páginas de texto apretado.

    Si se lee el artículo con atención se ve que el autor de las bellas palabras que propone no está pensando en el lector, sino en su propia escritura y en el regodeo que pueda sentir hacia ella. ¿No recuerda Verdú que escribir duele siempre? ¿Qué duele mucho más cuando piensas que ese texto lo han de leer editores y lectores y que habrás de pensar en ello y podar tus bellas palabras como el árbol del cerezo para que florezca mejor el texto. ¿Verdú no ha leído a Hemingway? Quizá no lo recordaba cuando escribió esto. “Papi” escribía con la frase corta, el párrafo conciso. No hay una palabra de más en casi toda la obra del premio nobel americano. Y es bella. Lean el Viejo y el Mar si no lo hicieron en el instituto. Uno de mis lemas siempre ha sido ?y así se lo comunico a quien me pide consejo- QUITAR TODO LO QUE SOBRA. Y duele, sí. A veces. A Verdú quizá no le duele escribir.

    Y sí, hay un tipo de lector para esas novelas que postula el señor Verdú. Yo, por ejemplo, cuando tengo tiempo. Así leo a mi amado Mauricio Wiesenthal, disfrutando cada frase, musical y bella, bien construida, sin caer en la porquería que no soporto llamada prosa poética. Así leí a Umbral en su ?Mortal y Rosa? durante el embarazo de nuestra hija (Llámenme masoquista) Pero la mayoría de los lectores no leen así y no tienen tiempo para ello. Lectores que compren libros. Los editores buscan la rentabilidad de su inversión en la publicación de una obra. No existen ya editores millonarios que publiquen por amor al arte. Que Vicente Verdú me cite a uno.

    Cuando el escritor cae en el menosprecio o desprecio de su competencia, señor Verdú, me temo que delata las verdaderas emociones originales que impulsan escribir lo que escribe y sus porqués. La historia de los bajos fondos de la Literatura está llena de ejemplos. Y a partir de aquí, ya nada interesado en el resto de sus postulados (Espero y deseo que no apostolado)

  3. B. Llamero Dice:

    Personalmente, estoy bastante más de acuerdo con lo que escribe -gracias, por participar de modo tan denso e intenso- JMLarumbre, que con el artículo de Verdú. A este, rara vez le he soportado sus columnas y lo he puesto siempre de ejemplo del “postmodernismo” en su peor sentido: bello por fuera, nada por dentro, puro artificio sin sustancia. Aún así me parece valioso que haya puesto sobre la mesa la necesaria redefinición del término novela. Acosada por otras formas más eficaces de contar historia -todas las audiovisuales- es verdad que ha de hallar su propia e intransferible sustancia y es verdad que no tiene sentido hoy escribir el mismo tipo de novelas que en el XIX o principios del XX. Por eso me interesa tanto el debate, por encima de quién lo ha iniciado y de sus propuestas concretas. Con algunas de estas, desde luego, discrepo radicalmente. Por ejemplo, con su desprecio de la imaginación, que para mi es básica y la Literatura propiamente dicha. También me hizo sonreír su defensa férrea del “yo” como única persona posible para la novela: eso es pura concepción postmoderna, movimiento que detesto. Con otros puntos de su decálogo, en cambio, estoy muy o bastante de acuerdo. Ya lo seguiremos comentando…

  4. Apostillas literarias Dice:

    Justamente por todo esto que comentas, y con lo que voy de acuerdo, decía que dan ganas de escribir.

  5. B. Llamero Dice:

    Si, estoy contigo, Magda. A mi también, tras leer lo de Verdú, me entraron unos deseos irrefrenables de ponerme a escribir una novela. Para seguirlo en algunos puntos -por ejemplo: la belleza del texto como fin en si mismo y en cada una de las líneas-, para refutar otros de plano…

  6. pezenseco Dice:

    Esta es una discusión que me interesa mucho, y de hecho he llegado aquí buscando referencias al respecto de ese texto de Verdú.

    Estoy muy de acuerdo con algunas afirmaciones de Verdú, no tanto con otras, o también pero con matices. Solo un par de ejemplos: dice alguien más arriba que Verdú está contra el cine y los cómics, etc. No me lo parece; lo que entiendo es un rechazo quizá a cierta “envidia” de la literatura hacia el cine, o de cierta moda actual de escribir pensando (desde el mismo momento en que se ponen las palabras en el papel) en el texto como si fuera una película. Eso, creo, es lo que haría de las novelas “guiones-en-potencia”, como si, en lugar de que la novela busque en debate consigo misma una suerte de singularidad, se entregue sin más al estilo de los medios audiovisuales, etc…

    Otro asunto: ciertamente creo que Verdú exagera o que, mejor dicho, llega a extremos que a su visión de la novela no le son necesarios; por ejemplo, no creo que se trate de elegir entre la tercera o la primera persona, como si solo una de ellas fuera la “propia” o “propicia” o “verdadera” de la novela. Uno puede criticar algunos vicios de la tercera persona sin llegar al extremo de condenarla al olvido o la cursilería y sin, a la inversa, subir a un pedestal al “yo” como si en ello no hubiera también otra serie de peligros… A mí simplemente me parece que esa inclinación al “yo” de la que habla Verdú es necesaria como contrapeso contra cierto aplastamiento de las personas que la saturación de ficción/simulacro/consumo,etc, tan comunes hoy en día, ejerce a diario…

    Finalmente, no creo que ni Verdú asume su decálogo como reglas que habría que respetar para escribir la gran novela futura. Eso sí sería, creo, una tontería. La literatura deja de serlo cuando se restringe a sí misma en reglas fijas. A mí me atrae este decálogo como índice o guía de indicios de algunos aspectos que la novela y quienes las escriben deben al menos tomar en consideración para no estancarse. La literatura, me parece, si tuviera que tener solo una regla, sería esa: no dejar nunca de cuestionar sus propias formas.

    Mis disculpas por abusar, quizá, de este espacio con un comentario tan extenso. El tema es polémico y me ha interesado mucho. Saludos.

  7. Humberto Acciarressi Dice:

    Antes que nada, ¿hay que tener una clave de wordpress para dejar una opinión? Si es así voy a escribirla en mi blog y les mandaré el link, ya que es muy interesante esta polémica.

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