cupido.jpegNo hagas caso, amor, de tanta bulla. Con lo del cambio climático no hablan, mujer, de ti. Menos aún de mí. El nuestro es otro clima, otros calores, otra forma de modelar, ni sin tiento y arte, los pasajeros nubarrones.
Ya has visto que el mundo va a su bola. Apenas si se fija, te lo dije, en la elasticidad de mis sonrisas o en la palidez de tu rubor. Una cosa es el mundo, quiero decir; y otra, bien distinta, tú y yo. Hay días en que sí, vale, me dejo llevar por lo que llaman mundo, intento confundirme con la gente, adoptar el preceptivo espíritu de la manada, el don colectivo de la gris normalidad. Me salen entonces, piensas tú entre risas, homilías laicas, discursos engolados y de sonar sesudo. Pero hay días, otros bien distintos, cada vez, cierto es, más espaciados, en que vuelvo la mirada hacia mí o hacia ti, tanto da puesto que nunca fuimos dos, y las palabras dejan de sonar sarcásticas, secas y ahuecadas, para ablandarse y formar frases que, como esta misma, avanzan onduladas, más al modo de los besos, de la ensoñación, que de las verbales retahílas.
Son los días en que pienso en singular. Meditar en plural causa fatiga y es esfuerzo desagradecido. Existe el tú y el yo, eso es evidente y más cuando equivale al yo o al tú a secas y por separado. Pero el nosotros, dime: ¿eso qué es? En tal cajón de sastre caben, cabemos todos. Tú y yo, las niñas, pero también ese vecino raro que se acaba de mudar al piso de abajo, o aquel que saca cada noche su perrito a pasear y ladran ambos, o ese señor que todos los días vemos en la tele cabreado, o el pariente del que no sabemos nada hasta que le da un día por salir de viaje y nos manda de pronto, a todos los parientes, una postal o dos o tres. Por eso cuando me ves cada mañana con el rostro serio, ido, somnoliento, lo que debes de hacer es echarte a reír y decirme, no sin suavidad:
-Más vale que te quites el nosotros con el que te acabas de levantar.
Yo “rezungaré”. Sabes como soy por las mañanas. Pero intentaré deshacerme del plural instintivo y cambiarlo por la transparencia singular del tú o el yo. No siempre me saldrá. Requiere algún esfuerzo. Pero es que sólo lo que nace del esfuerzo tiene algún sentido, cuando menos en días como este, en que no se trata de escribir para todos sino para ti. Seas quien seas, enigma del resto de mis días.

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