Luis Miguel de Dios es un amigo y excelente periodista que este domingo publica un inmejorable artículo en “La Opinión de Zamora” y otros diarios locales sobre el pueblo de libros recién inaugurado en España, Urueña. Como hay confianza y “donde hay confianza, da asco”, corto y pego sin compasión del artículo de este amigo porque sé que a los visitantes de este Blog, pocos pero peculiares, les va a encantar.

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UN PUEBLO DE LIBRO uruena-libro.jpg

Urueña es un pueblo vallisoletano de 200 habitantes situado cerca de la provincia de Zamora, a sólo 35 kilómetros de Toro. Enclavado en una atalaya, atrapa, maravilla, se presenta como un lujo, como uno de los lugares más bonitos que puedan contemplarse. Conserva, entre original y restaurada, su preciosa muralla medieval con dos puertas impactantes. Y guarda también un ambiente estremecedor. Allí en lo alto, con la inmensa planicie de Tierra de Campos abriéndose por naciente y la ermita de la Anunciada cerrando el valle por poniente, el silencio y la tranquilidad entran hasta el fondo del alma, hablan, abrazan, sobrecogen. El viento sopla vivo, quizás insinuando mensajes eternos. Y el sol mima el paisaje y las piedras como sólo puede hacerlo con los sitios privilegiados, es decir nos los ofrece casi a la carta, cada segundo con un matiz, con una gama de colores, con un abanico de sensaciones.

Urueña fue un enclave importante cuando los reinos de León y Castilla se disputaban a mandobles las parameras fronterizas. Así nacieron sus murallas y su alcázar, hoy cementerio municipal. En el castillo, en brazos de su amante María de Padilla, halló consuelo más de una vez Pedro el Cruel, y allí estuvo preso el Conde de Urgel. Pero a Urueña, como a tantos otros lugares, le llegaron las horas bajas: pérdida de población, abandono, daños en su patrimonio? Hasta que se le apareció un ángel especial llamado Joaquín Díaz. En una casona cedida por la Diputación de Valladolid, fundó su centro etnográfico, montó exposiciones y conciertos, impulsó la investigación cultural, acogió a gentes que buscaban lo mismo y se quedó a vivir allí. Al principio, le llamaron loco o atrasado: amaba las tradiciones, le gustaban las cosas y los papeles viejos, recogía coplas de ciego, traía gente rara a actuar, hizo un museo de las campanas y se mostraba muy interesado por cantares, refranes y asertos populares antiguos, los que ya no valían para nada. Pero algunos se miraron en su espejo. Y a Urueña llegaron otros “pirados” como él: los músicos Amancio Prada y Luis Delgado, un librero, fotógrafos, pintores, gente que abrió un restaurante? Sin este núcleo y sin la decidida apuesta del presidente de la Diputación de Valladolid, el popular Ramiro Ruiz Medrano, no se entendería por qué un pueblo tan pequeño y tan alejado de las grandes ciudades se ha convertido en la primera Villa del Libro de España. Desde el jueves, diez librerías abren sus puertas dentro del recinto amurallado. Lo que antes era un corralón semidestruido e infecto es hoy un impresionante centro multidisciplinar, llamado e-Lea, con sala de exposiciones y lecturas, biblioteca, nuevas tecnologías, tienda y un ambicioso programa de actividades con el libro como eje y motor. Se palpa, además un clima de esperanza e ilusión. Se abre un futuro que nadie podía sospechar hace años. Y ese futuro, como recordaba el propio Joaquín Díaz, será el que queramos, el que seamos capaces de construir.

¿Cómo ha sido posible el milagro de la Villa del Libro? Ya apunté dos razones. La tercera hay que buscarla en la colaboración de las administraciones y en las ganas de sacar adelante el proyecto. Apostó fuerte la Diputación de Valladolid (otras sólo se quejan y hablan de centralismo) y aceptaron el reto la Junta, el Ministerio de Administraciones Públicas y Telefónica. Las inversiones han superado los tres millones de euros, más de dos millones de pesetas por habitante. ¿Mucho? Creo que no. Se trata de uno de los planes más serios para apoyar el desarrollo rural basado en la cultura, el turismo y el patrimonio histórico-artístico. Merece la pena el envite. ¡Ahí es nada, que un pueblo o una comarca puedan crear riqueza, empleo y porvenir gracias al libro, alrededor del libro, de la lectura!

Si fuera un sueño, que no me despierten. Si la esperanza cuaja, que cunda el ejemplo.

(C) Luis Miguel de Dios

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