mascara-antigas.jpg(O CÓMO TRINFAR EN LA INDUSTRIA EDITARIAL SIN TENER QUE SOPORTAR AL MOLESTO AUTOR)

El último fenómeno editorial en España es el de la novela “Sucedió en el AVE…”. Dicen que ha vendido 50.000 ejemplares en tres meses, pese a estar editada por un sello del que nadie había oído hablar (Imser Siglo), y pese a que la firma un desconocido y además inexistente autor (Víctor Saltero).

Víctor Saltero es en realidad el nombre del protagonista del libro. Y como alguien tenía que firmarlo, no se rompieron mucho la cabeza. Se ignora si se trata de un seudónimo de una persona concreta y real, o si es solo una “marca registrada” de los presuntos editores.

Dicen los que la han leído que la novela es mala de solemnidad y con una prosa de absoluta indigencia. Eso sí, la presunta editorial que lo ha lanzado ha desarrollado una enorme campaña de publicidad, incluyendo anuncios en prensa o en transportes públicos.

Según el único de los “editores” que ha dado la cara, José Sánchez Cercera, su editorial nació en enero de 2006, como iniciativa de un grupo de amigos y profesionales del sector que pretendía “importar el modelo anglosajón”.

Según este buen hombre, el autor de “Sucedió en el AVE…” fue elegido tras una selección en la que participaron ¡mil escritores! y con la que la editorial pretendía encontrar a alguien capaz de divertir y convertir la lectura en espectáculo.

La presunta editorial, dice, emplea a un grupo de treinta lectores, como jurado para “puntuar” los originales presentados y efectuar la selección.

¿Moraleja? Parafraseando una antigua canción pop: cuando el mercado entra por la puerta, el arte salta por la ventana. O: si la propaganda puede convertir en éxito lo que le de la gana, por malo que sea, es evidente que no estamos hablando de lectores, sino de consumidores. O: esto toca fondo, muchachos; así que ya solo cabe esperar el estallido final y regenerador.

Lo importante es que los cuatro últimos lectores no os desaniméis y mientras se despeja el hongo nuclear os refugéis en los clásicos y contrastados. Lo importante es que los dos escritores que aún puedan quedar por ahí, sigan escribiendo ajenos a este ruido. Tarde o temprano los necesitaremos y se les llamará.

Ánimo.

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