lectura2.jpg1. Os pensaba dar cien motivos para NO leer, pero voy a detenerme en los cuarenta que he ido desgranando, porque os percibo fatigados o sin interés. Además, yo mismo me asusto de lo convincentes que suenan. Algunos son bobos o chistes, sí. Pero otros, tiene su miga o su aquel. Así que no enumero más. Tenía otra tanda, pero tampoco, creo yo, se trata de hacer el trabajo al enemigo. Así que después de daros tantos motivos para NO leer, dejad que os esboce uno para hacerlo, para leer, para abrir un día un libro y sumergiros placenteramente en su lectura. Y eso motivo o razón para ponernos a leer, no es, desde luego, el de su utilidad. No, no. Para mi, leer es completa, total y deliciosamente inútil.

2. Naturalmente, algunos, o muchos en realidad, dicen, piensan y sostienen lo contrario sobre la inutilidad intrínseca de la lectura, de la literatura. Mucha gente está convencida de que es útil. Por ejemplo: un tipo mucho más inteligente que yo, como el filósofo, profesor y divulgador José Antonio Marina, dice lo siguiente: “La lectura no es importante porque divierta, ni porque nos transmita información, sino por algo más trascendental: porque la inteligencia humana es una inteligencia lingüística. Sólo gracias al lenguaje podemos desarrollarla, comprender el mundo, inventar grandes cosas, convivir, aclarar nuestros sentimientos, resolver nuestros problemas, hacer planes. […] Para que nuestra inteligencia sea viva, flexible, perspicaz, divertida, racional, convincente, necesitamos, en primer lugar, saber muchas palabras”.

3. Bueno. Para mi esto es un poco profundo. Así que ni me lo planteo, pero os puedo asegurar que si leo no es buscando utilidad alguna. Todo lo contrario. Me gusta que leer no sirva absolutamente para nada. Al menos, aparentemente. Uno necesita de vez en cuando hacer cosas inútiles, por el mero placer de hacerlas.

4. Bien es verdad, que a este respecto, la vida está llena de inutilidades a las que dedicar nuestro tiempo disponible. De eso no podemos quejarnos. Pero entre ellas, a mi me encanta particularmente esa que os digo. Estará pasada de moda, pero yo le sigo viendo muchas ventajas. A los libros nunca se les acaba la batería. No hay que enchufarlos en ningún sitio. Y son increíblemente variados, pues no en vano van siglos y siglos de escritura y, como es natural, solo van quedando los mejores, que siempre, por cierto, son los más divertidos. En los tiempos de Cervantes, a propósito de esto último, no creáis que no se escribían peñazos insoportables y no creáis que muchos escritores que hoy nadie lee no vivían muchísimo mejor que el autor del Quijote. Pero al final, lo que ha quedado es esta obra, que es un libro de humor, de risas, de parodias de las historias más famosos en aquella época. Lo de esta época tenemos la suerte de disponer de los libros más divertidos de todas las épocas.

(Continuará)

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