libros6.jpg5. Pero decía que los libros son mi inutilidad personal más apreciada y que estoy muy satisfecho de ello. Cada uno de vosotros, si no lo ha hecho ya, acabará buscándose también, llegado el momento, su inutilidad favorita. No hay problema, como digo. Tenéis para elegir un surtido interminable. Y ya veremos si con alguna de ellas os divertís ni la mitad de lo que nos divertimos algunos con este invento tonto de las fantasías de papel encuadernado…
Invento que, además, y no es la menor de sus ventajas, es completamente compatible con cualquier otro. ¿O creéis acaso que a mi no me gusta ver películas cine, buenas series en la tele, salir de cachondeo con la peña o hacerme rutas por el campo, si se tercia? Sin perderme nada de eso o de otras muchas cosas, estoy al loro de los libros.

6. Porque estos, tu, ahora que caigo, se parecen bastante a las madres, y que las madres me disculpen. Como ellas, un libro nunca pide nada, ni exige ni te llama de forma perentoria. Está ahí, en silencio, a tu disposición, para cuando quieras o lo necesites. Y si tardas en abrirlo, aunque sean años, jamás te hará el menor reproche. No como los novios o las novias…

7. Un libro es una de las mil puertas del ocio de nuestro tiempo. Solo una entre cien o entre mil. Y no la más grande, ni la más vistosa, ni la más moderna. Es una puerta modesta, quizá de las menos llamativas. No pasa nada si alguien decide ignorarla y no abrirla nunca. Con las otras novecientas noventa y nueve irá muy bien servido. Ahora bien, ¿por qué no asomarte alguna vez y ver qué hay tras ella, por si fuera verdad eso que dicen, que decimos, de que ofrece infinitamente más de lo que aparenta…?

(Continuará)

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