no-lectores.jpg … 8. Aunque por decirlo todo, tendré que añadir aún una cosa más: esta inutilidad de leer tiene otro aspecto “colateral” que siempre me ha dado que pensar y que le añade otro atractivo nada desdeñable.
Al Poder no le gustan los libros. Y al poder absoluto, los libros no le gustan absolutamente nada.
No le gustaban a Hitler, que los quemaba; ni a Mussolini o Franco, que los censuraban y perseguían a los autores “desafectos” o sospechosos o contrarios. A Stalin o a la China de Mao les caían los libros peor o igual que ahora Internet, algo de nuestros días que también tratan de censurar por todos los medios todos los países totalitarios. La Inquisición detestaba casi todos los libros y apenas salvaba otros que los que usaban o escribían los curas más ortodoxos.
De dónde cabe hacerse alguna que otra pregunta, creo yo. ¿Por que provocan tanto miedo a los poderosas esas cosas tan insignificantes que son los libros? ¿Qué tiene este humildísimo e inútil recipiente de letras, que no todos leen, para que los mayores tiranos tengan sudores solo de pensar en ellos y los persigan con tanta saña como a sus peores enemigos?

9. Es algo que siempre me ha hecho pensar, meditar, darle vueltas. Porque a primera vista, no parece fácil de entender. Un libro no es más que un libro, papeles y letras, donde alguien ha garabateado unas ideas, un puñado de aventuras, un montón de sueños o posibilidades… ¿Qué es, en consecuencia, lo que tanto asusta de los libros a un tirano?

10. Un tirano, da igual su color, tendencia o tipo de tiranía, ya sabéis lo que es: Alguien que quiere evitar a toda costa que cada cual piense por su cuenta, como se le ocurra, cuanto se le pase por la cabeza. A los tiranos, si os fijáis, y lo mismo da, insisto, que sean azules, rojos o negros, les gustan los uniformes. Eso da una buena pista. Si pueden, nos hacen ir a todos igual, como maniquíes, desfilando a sus órdenes, uno-dos, uno-dos…
Cabe deducir, por tanto, que acaso vean en los libros lo contrario a esa uniformidad física y mental que tanto desean y que persiguen con tanto esfuerzo y hasta sangre.
Quizá vean en ellos, en sus páginas, la suprema amenaza de todos los totalitarios, el arma con la que los débiles, los que no tenemos fuerza o armas, podemos derrotar a quienes quieren uniformarlos por dentro y por fuera.

(Continuará…)

Anuncios