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“La gente se queja sin parar de que cada vez se lee menos. Es mentira, cada vez se lee más. Y cada vez hay menos analfabetos. El problema es que los díscolos lectores no escogen lo que los mandarines de la cultura prefieren. Es inadmisible, pero es así. Leen a J. K. Rowling o novelas de templarios, misterios egipcios o médicos de Hitler. Leen por placer, lo que les gusta, en lugar de leer para perfeccionar su alma.

“En este país que fue católico, aún hay una idea penitencial de la literatura. El placer asusta. El placer es una insurrección contra el orden. Un libro se considera mejor cuanto más esfuerzo cueste terminarlo, porque la mortificación mejora el espíritu. Por eso los mandarines hablan de novelas como si fueran fueran un burdel de disciplina inglesa, donde lo mejor es que sean ‘muy exigentes’ y ‘sin concesiones al lector’…”.

Etc.

Escrito por Rafael Reig , bajo el título “El placer de la lectura”, en la edición de hoy del nuevo y estimulante diario español “Público”.

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