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11. En consecuencia y después de todo, quizá estos pequeños artefactos no sean tan tontos como parece, tan prescindibles, tan inútiles en sentido estricto. Naturalmente que hay que libros que no valen un pimiento. Acaso la mayoría. Si un tonto escribe un libro, podéis estar seguros de que no habrá escrito más que un sucesión de tonterías. Ahora bien, conviene, me parece, estar alerta, en guardia, con las armas de los de abajo engrasadas. Y los de abajo, vosotros y yo, no tenemos otro arma que la inteligencia, esa máquina de ideas que es el cerebro, la cual se mantiene en forma yendo periódicamente al gimnasio de la lectura.

12. Esa es la fuerza, la virtud y el secreto que esconden los libros; el único motivo en realidad, y si os hablo en serio, para adentrarse en ellos con cierta frecuencia o cuando menos para no despreciarlos, no ignorarlos; para tenerlos a mano por si se necesita un día el arma secreta…

13. Puedes leer para vivir una aventura, como la vives viendo una buena película. Pero si lees en vez de ir al cine, además de vivir esa aventura, la estarás rodando, poniendo los decorados en tu cabeza, iluminando y hasta añadiendo tu propia banda sonora; todo a la vez y sin darte cuenta: ese es el gimnasio mental que se esconde tras la lectura, que da músculo a nuestra inteligencia y que hace tan temibles los libros para los tiranos, cuyo sueño máximo es vernos tontos.

14. También puedes leer, como hacemos tantas veces, porque no nos queda otra, porque nos van preguntar lo que pone ese libro, pongo por caso. Pero incluso en ese supuesto y pese a que leamos con desgana o forzados, eso que alguien nos obliga, tenemos que poner a nuestra inteligencia a hacer gimnasia para descifrar, aunque apenas nos demos cuenta, el código bastante complejo que es la lectura.

15. Lo cierto es que incluso quienes no cogen un libro en su vida leen bastante más de lo que piensan. Al fin y al cabo, no les queda otra que leer la receta del médico, las placas de las carreteras, los carteles de las ciudades, las notas que les dan en la colegio, el periódico deportivo, los blogs de Internet, los chistes que llegan vía email o SMS… También con todo esto se lee y gracias a ello podemos mantener mínimamente en forma eso que tanto asusta a los dictadores, a los censores, a los totalitarios, a cuantos buscan afanosos que dejemos de pensar por cuenta propia para que adoptemos, asumamos como propios, los pensamientos ya hechos, precocinados, ajenos y listos para usar, que ellos con tanto esmero nos preparan.

16. Eso sí, a mi juicio, conformarse con lecturas no literarias, carentes de calidad, equivale a mostrarte satisfecho con chupar una gominola pese a tener pase de VIP, con derecho a consumo gratuito, en las mejores pastelerías del mundo.

17. Resumiendo. A mi no me gusta decir que todo el mundo debe leer, porque eso es algo que jamás ha sucedido a lo largo de la historia. Leer, en sentido literario, siempre fue cosa de pocos, de un puñadito. Por eso, nunca os diré que todos, absolutamente todos, tenéis que poneros, por decreto ley o por orden culta y divina, a leer. No busco contaminaros de mi personal vicio de la lectura. No, no, de eso nada.

18. Yo, como mucho, lo que te digo, solo a ti, en riguroso singular, a ti que ahora mismo me lees y además me estás entendiendo:

procura ser de los avispados y, si puedes, si te apetece, si te ves con ganas, entra a formar parte de este grupo no muy numeroso, minoritario, algo selecto, elitista incluso, aunque también enrollado y al que, parece mentira, tanto temen y han temido siempre a lo largo de la historia cuantos han tratado, tratan y tratarán de anular la inteligencia individual de cada uno de nosotros.

Nada temen más todos esos que verte también a ti, que veros a alguno o algunos de los que ahora me escucháis, entregados a esa cosa tan deliciosamente inútil que es la lectura, los libros, la literatura y el pensamiento que se imprime para que resista la muerte y el paso de los siglos.

Por algo será

Y por eso, aunque puedan existir cincuenta, cien, mil o un millón de motivos para NO leer, yo siempre he tenido la impresión de que con uno basta para ser lector.

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