arco.jpgLeo en una entrevista que cierto gestor cultural asegura, optimista, que estamos viviendo la “Edad de Oro” de la cultura. Y en un sentido puede que acierte. Es la era, desde luego, en que más oro o dinero se destina en el mundo desarrollado a conceptos englobados bajo el término cultura. Pero hay que tener mucho cuidado con éste, pues se ha ampliado tanto que carece de hecho de un significado unívoco o claro. Cada cual entiende por cultura lo que le parece y todo vale y para todo hay oro o dinero. Ahora bien, la cultura, como gran manifestación de las excelencias imaginativas y creativas del ser humano, tiene más que ver con el talento que con el oro. Y todo cuando sobra de dinero en la actualidad, falta de talento, a mi juicio. O quizá no, quizá el talento ande por ahí, pero apenas se ve, no logra levantar cabeza, porque no es lo que patrocinan habitualmente las fundaciones institucionales, los grandes museos, los modernos mecenas (que son casi todos públicos o para-públicos, como buena parte de las entidades financieras).

¿Por qué? “Áurea mediocritas”. Nos gobierna la dorada mediocridad, estamos bajo su imperio. Suele ocurrir cuando quienes manejan el dinero teóricamente destinado a la creación cultural dependen de la política, de lo público. La consecuencia, en un proceso no suficientemente estudiado, es que lo que debería ir destinado a la creación, acaba destinándose a la gestión. A eso, en efecto, que llaman gestión cultural. ¿No se dan cuenta de que las modernas estrellas de la cultura institucional no son los artistas, sino los grandes gestores culturales? ¿No se han fijado en que son más frecuentes las entrevistas con gestores culturales, con directores de museos, con comisarios de exposiciones, que las que se hacen a pintores, escultores o artistas en general? Si respecto a un gran museo  se sabe más de su director que de los artistas que apoya o expone, ¿cabe de veras pensar que estamos en un “Edad de Oro” de la Cultura?

Es verdad que este tipo de fenómenos requieren distancia temporal para verlos de forma cabal. Pero intuyo que en el futuro se hablará con asombro de esta época de prosperidad en la que el talento artístico brilló por su ausencia. Hay más dinero que nunca, hay más tiempo de ocio que nunca, hay más “consumidores” de cultura que nunca, hay más formación que nunca, ¿pero dónde están los grandes artistas de nuestro tiempo? Yo se lo diré: desquiciados ante la evidencia de que no tienen nada que hacer ante la legión de bobos atrevidos que acapara cualquier apoyo, empinan el codo por ahí o pierden el tiempo. Eso es lo que hay, me huele a mí.

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