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Un periodista del diario española, La Razón, José Aguado, se puso en contacto conmigo ayer noche. Quería entrevistarme para un reportaje sobre la piratería de libros, a partir de mis polémicas por los foros denunciando el pirateo de mi novela EL BESO DEL TIEMPO. Me envió las preguntas por email y por el mismo medio se las respondí. Imagino que en el reportaje no saldrá ni la cuarta parte, por puras y lógicas razones de espacio. Así que voy a poner aquí, tal cual, todas las preguntas que se me hicieron y todas las respuestas que di:

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¿Cómo te ha afectado la piratería? 

Hasta ahora muy poco o de forma inapreciable: no soy autor de tiradas millonarias o tan conocido como para que perciba los efectos concretos de un eventual pirateo de mis obras. No obstante, sé que alguno de mis libros para niños estaba pirateado y alojado, por cierto, en Megaupload, el sitio cerrado por el FBI. Frontalmente, solo he notados ahora sus efectos, al publicar una de mis novelas, “El Beso del Tiempo”, como ebook de Amazon y comprobar que pocos días después estaba disponible gratis en muchos sitios de descarga, pese a venderse por menos de 3 euros y pese a que yo mismo la había ofrecido gratis durante un par de días. El efecto ha sido fulminante: las ventas de la novela se han reducido a cero.
-¿Cuándo te das cuenta de que afecta al mundo del libro? 
Desde el mismo momento en que empezó a afectar al cine y a la música, todos los escritores sabíamos que éramos los siguientes. El fenómeno ha llegado un poco más tarde a los libros, porque aún no estaba inventado el aparato imprescindible, que es el lector electrónico o “ereader”. Pero se veía venir.
-¿Cuánto tiempo llevas escribiendo y vendiendo libros? ¿Más o menos, si quieres decirlo, qué ventas tienes? ¿La piratería te ha hecho vender menos? 
Llevo publicando y vendiendo libros desde 1988. Cultivo sobre todo la literatura infantil, que es de las que mejor resisten este primer envite de la piratería, porque los niños quieren publicaciones con color e ilustraciones, y eso aún no pueden ofrecerlo los lectores electrónicos. En ese sentido, no creo que libros como los míos haya sufrido de modo especial. Sólo me he topado con la piratería ahora, cuando he querido como autor explorar el mundo de los ebooks mediante otro tipo de literatura. Pero a mis libros impresos (como “El rey Simplón”, de Editorial Bruño, que lleva vendidos unos 150.000 ejemplares, con un ritmo anual de entre 5.000 y 10.000), no creo que le haya afectado especialmente el fenómeno.
-¿Te planteas cambiar tu modo de escribir o de trabajar? 
Por supuesto. Pero no por la piratería, sino porque la edición digital cambia radicalmente el mundo de la edición y por ende el de las publicaciones. La piratería, eso sí, complica las cosas, porque impide precisamente lo que yo estaban intentando: tantear ese nuevo mundo, repleto de promesas para la Literatura del siglo XXI, que es Internet y los ebooks. Pero cambiar, tendremos que cambiar ahora todos los escritores y todo el sector.
-Imagino que la gente  de tu entorno baja música y más cosas, ¿cómo reaccionas ante eso? 
Pues de ningún modo especial. Porque lo veo lógico. Si tienes algo gratis, a tu alcance y además en la “intimidad” de tu hogar, ¿cómo no lo vas a coger? Es decir, no creo que deba criminalizarse o acusar de nada al consumidor gratuito de bienes culturales. El problema y el eventual delito reside en la oferta. Si mañana, junto a nuestra frutería habitual se instala otra que regala la fruta: ¿acusaremos de algo a los vecinos que acudan en masa a ella, dejando vacía la de siemprel? Habrá que averiguar, eso sí, de dónde ha sacado su fruta el que la regala y cómo puede ser que le resulte rentable regalarla.
-¿Casi está mal visto hablar mal de la piratería, e  vez de elogiar la acción de “compartir”? 
Y tanto. A mi estos días, por ir por los foros de Internet lamentándome del pirateo de mi novela, no han dejado de tildarme de antiguo, carca y poco menos que lacayo de la SGAE. Lo que mola, lo joven, lo guay es decir que la cultura es de todos, la haga quien la haga y que se debe de compartir por el bien de la humanidad. No obstante y para ser justos, han sido más, muchos más, los que me han apoyado que quienes se han apuntado a la defensa férrea del “gratis total”. Creo que para la mayoría es evidente que los autores también tenemos derechos de propiedad y que a la cultura no le irá nada bien si nos despojan de ellos. Lo que pasa es que los otros arman mucho más ruido.
-¿Se ha reaccionado tarde? 
Sí, pero tampoco era sencillo reaccionar antes y bien. Estamos ante algo completamente nuevo, que transforma de raíz las reglas de juego en que hasta ahora se ha movido la propiedad intelectual. De hecho, no estoy seguro de que se haya reaccionado aún. La lentitud de la Justicia y de las burocracias públicas choca de frente contra la instantaneidad de Internet.
-Y frente a la caída del negocio, ¿qué se puede hacer? 
Esa pregunta es más para empresarios, para editores, que para un simple y muy modesto autor. A los autores se nos pueden caer un poco las ventas, pero el negocio me temo que nunca lo conocimos. Aún así, contesto con una obviedad: frente a la caída de un negocio solo cabe inventar un negocio nuevo… y mejor.
-¿Crees que la situación va a mejorar con la “Ley Sinde”
De leyes entiendo tan poco como de negocios. Pero soy escéptico por lo que antes sugerí. Una mezcla de burocracia pública y jueces no creo que pueda con la velocidad endiablada del mundo digital. Algo, eso sí, había que hacer. Pero me parece que puede tener más efectos prácticos, por el temor infundido, lo del FBI cerrando uno de los mayores almacenes mundiales de productos piratas, que unas normas que solo rigen en un país. Una anécdota: entre los primeros sitios que pirateron mi novela había uno argentino, otro de EE.UU. y otro español. ¿De qué me vale que cierren éste, mientras queden los otros dos?
-¿La piratería esconde alguna justificación posible, como decir que se tenía que haber acelerado el negocio digital?
El debate es interesante, pero lo considero ajeno por completo a la piratería. Da igual la rapidez con que un sector pueda reccionar: si algo se puede piratear, se pirateará y una vez pirateado se buscarán argumentos para justificar el robo. De hecho, el argumentario “pirata” es extraordinariamente cambiante. Hasta hace nada, por ejemplo, los altos precios de los libros eran su excusa favorita. Pero si ofreces una novela, como hice yo, a un precio que no llega ni a los 3 euros, te salen con que no lo has ofrecido a la vez en todos los formatos posibles… El debate hay que centrarlo en ellos, en los que toman sin permiso un bien ajeno, en su ética o eventuales delitos; no en si las víctimas íbamos con escote y los provocamos.
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