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Hace tiempo que vengo pensando en ir dejando anotado lo que leo.  Me ha frenado mi resistencia a hacer crítica, aunque sea superficial. Sé que en eso doy un tanto la nota, pero nunca me ha gustado la mezcla de escritores y críticos. Quiero decir que no me parece bien, si soy autor, ponerme a enjuiciar el trabajo literario de otros. Por varios motivos. El primero, porque creo que los que escribimos tenemos una óptica “deformada” al leer lo ajeno. No disfrutamos con la “inocencia” del lector común ni tenemos la distancia clarificadora del crítico documentado. Tendemos a fijarnos más en los “pespuntes”, las tripas, los cosidos y descosidos de la obra, que en ésta en sí y en las emociones que pueda suscitar. Un segundo motivo, y no menor, es la posibilidad de caer en la “endogamia” literaria. Esto es, si yo escritor hago la crítica de un colega, procuraré hacérsela bonita para que ese colega a su vez, cuando le llegue un libro mío, me correspondan con otra crítica no menos bonita o similar. Eso pasa con frecuencia. Y a mi, qué quieren que les diga, me repatea y me parece una forma de “corrupción blanda”, tal cual  y con todas las palabras. Creo que si uno hace crítica literaria y lee un libro pésimo ha de decirlo y con todas las letras… aunque lo haya escrito su padre, su mujer o su más íntimo amigo. Y si no es capaz de hacerlo, que se dedique a algo distinto. Por todo lo cual, en fin, nunca he querido dejar constancia en este blog literario de lo que leo y de lo que me parece lo que leo.

Pero últimamente, con mi progresiva inmersión, en el mundo de los “ebooks”, de los libros electrónicos, tengo la sensación de que sí debo decir algo de lo que voy encontrando por ahí. Aunque solo sea porque en ese ámbito aún no se ha estructurado una crítica real y seria. Y porque, además, al ser el paraíso de la auto-edición, no hay procesos previos que garanticen un mínimo de calidad a lo que se va publicando. De ahí que me parezca oportuno ir señalando los libros virtuales que leo y que vale la pena reseñar, aunque no entre en mayores profundidades críticas. Eso sí, soy como soy; y si algún día leo algo rematadamente malo también lo diré, aunque solo sea por el profundo respeto que todos los que publicamos debemos al lector.

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Dicho lo cual, aquí les dejo la portada de un “ebook” que acabo de leer.

TÍTULO: EL ETERNO OLVIDO

AUTOR: ENRIQUE OSUNA

Autoeditado. Yo lo compré en Amazon.es, donde el autor lo tiene a la venta con tres precios distintos: como ebook se puede comprar por 0,98 o por 2,68 Euros. ¿Diferencias? Creo que ninguna. O sea, la menos barata está mejor maquetada al parecer y añade unos micro-relatos como propina. Es la que compré yo, por la sencilla razón de que el otro precio me parecía demasiado miserable. Además, se puede comprar en papel -tapa blanda y 448 páginas- por 12,66 Euros.

¿Vale la pena? Rotundamente sí. No es una obra maestra o un libro destinado a entrar en la historia de la literatura. Pero es una excelente obra de evasión, de entretenimiento, fabricada con el tesón de los buenos artesanos. Esos tópicos de “engancha, se le lee de un tirón, te atrapa” son rigurosamente ciertos con este libro. Tan ciertos que me parece inverosímil que su autor no haya logrado interesar a ninguna editorial potente y comercial.

Lo que no me gustó y que puede tener mucho que ver con lo que expliqué de la deformación profesional de los escritores: yo no le hubiera escrito ese final abierto. Es lo único que, a mi juicio, desdice en un obra sólida, bien tramada, trabajada con esmero y que me recordaba a ratos los bestsellers de José Carlos Somoza.

Conclusión: Un buen libro, a precio casi regalado, que no merece perderse en el saco sin fondo y cada vez más hondo de la autoedición.

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