1- Amarás al lector sobre todas las cosas y nunca olvidarás que es para él, y no para ti, para quien escribes cada línea y para quien edificas cada escrito o libro.

2- No tomarás el nombre del lector en vano o lo usarás a tu conveniencia.

3- Santificarás el idioma que te permite expresarte.

4- Honrarás a los Clásicos, pasados y presentes, sin olvidar nunca que sin ellos no existiría la escritura que amas.

5- No matarás el lenguaje ni lo herirás con la más mínima incorrección.

6- No cometerás fraudes literarios.

7- No robarás textos ajenos o ideas. Tampoco la atención y el tiempo del lector sin aportarle nada sustancial a cambio.

8- No levantarás falsos testimonios, con la excusa de la ficción literaria. Pero sí mentirás, cuanto haga falta y hasta el extremo, porque dado que los extremos se tocan, en literatura no hay mejor forma de acercarse a la verdad que crear la más hermosa de las mentiras.

9- No consentirás pensamientos ni deseos impuros, como el de escribir para ganar dinero, para recibir el aplauso fácil o por la espuma banal de los honores y la fama.

10- No codiciarás las obras maestras ajenas ni permitirás que su brillo ciegue tus ojos cuando te dispones a buscar otras obras maestras aún no escritas, que siempre y necesariamente son más.

Todos estos mandamientos se resumen en dos:

– La Literatura, con mayúsculas, es vocación, no profesión; esta segunda lleva minúscula y pertenece a la rama industrial.

– Y nadie debe escribir una línea sin estar absolutamente convencido de que va a mejorar la anterior.

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Nota 1: Si algún día todos respetan estos mandamientos, en las librerías -físicas y virtuales- se va a ganar un espacio increíble y esencial.

Nota 2: Estos mandamientos los escribí en 2005. Pero los había olvidado y los acabo de encontrar en una carpeta olvidada. He mirado por si ya estaban en el archivo histórico de este blog y no los he visto. Por eso, y sin cambiarles una coma, los dejo plasmados aquí.

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