Acabé de milagro la lectura de esta novela, “La diosa perdida”. Me la bajé en Amazón, en una de esas promociones donde se regalan libros cada dos por tres. O sea, no me costó nada. Menos mal.

En su honor, en el de la novela, está que la acabara, porque antes había empezado otras dos, que dejé tras las primeras páginas. No diré títulos, porque sus autores podrían alegar, con mucha razón, que no se puede hacer crítica a partir de solo el comienzo. Pero en un caso, la prosa era de colegial para abajo. Y uno no está ya para soportar algo así, con la de buena literatura que siempre hay disponible. Y el otro libro me pareció el típico que escribe quien ha visto más series de televisión que leído libros. Su inicio, absolutamente sádico, presentaba a una chica atrapada por el sicópata sanguinario de turno, en plena acción. Hice un corte de mangas mental al sicópata y a su creador, y borré de mi lector el engendro. Quiero literatura, y a poder ser con ambición estética e incluso moral; no nuevos capítulos de series sangrientas escritas  por quienes solo parecen buscar el éxito fácil a través de no importa qué historias: qué plaga ésta entre los autores nuevos, oye.

¿Vale la pena? No. Cuando empecé “La diosa perdida” a punto estuve de abandonar también a las primeras de cambio. En cuanto vi que el protagonista era un detective y en el Madrid de hoy. ¿Alguien ve detectives por el Madrid de hoy o por cualquier otra provincia? De todas formas, la historia no estaba mal contada del todo, erratas y falta de correcciones aparte, y me fui metiendo en la rarísima historia de este detective, que tiene una novia ¡ciega!, que no para de abrirse la bragueta con ella y con todas las que se cruza por el camino y a quien encomiendan la búsqueda de una chica desparecida. Muy avanzada la novela, resulta que a la chica la matan, y también a su madre y todo empieza a ser cada vez más enrevesado. Para colmo, como si alguien me hubiera echado el mal de ojo, la novela fue empeorando hasta acabar, vaya por Dios, con el sicópata de turno preparando un final “gore” y televisivo, con persecuciones de coches, peleas a puñetazo limpio y… Bueno, lo dejaré así, para no desvelar el final, aunque dudo que muchos lectores de este blog lleguen a él.

Lo que no me gustó: La novela es floja, desde cualquier punto de vista. El argumento se desfleca constantemente y se crean conflictos o líneas de las que el autor se desentiende después. Por ejemplo, la novia del detective resulta que se había liado, en todos los sentidos, con la secuestrada. Y juntas deciden pedir un rescate millonario al padre de ésta, con el que podrán operar de la vista a la primera, para que vuelva a ver. Bueno, pues lo del rescate se frustra, asesinan a la secuestrada… pero la novia del detective aparece de pronto operada y volviendo a ver. ¿Quién le pagó la  operación? Misterio.

Y otro ejemplo, este técnico. Como suele ser habitual en el género negro, la novela empieza siendo narrada en primera persona; es decir, el detective protagonista nos cuenta la historia. Pero solo hasta que el autor se cansa o llega a la conclusión de su novela puede aburrir. Y entonces, empieza a introducir el narrador omnisciente de la tercera persona, por las buenas y sin más. El resto del libro, alterna ambos narradores como si tal cosa y como si de veras estuviese al alcance de cualquiera una osadía estilística de semejante calibre.

Yo me paro aquí, pero sí quieren saber más, dense una vuelta por Amazon.com,  y lean los comentarios de los lectores. Ojo, no Amazón.es, donde no hay ninguno, sino Amazón.com. Algunos ponen la novela por las nubes, otros la ponen peor que yo. Y juzguen cuáles de esas opiniones serán de lectores “reales”, sinceros y que la compraron sin saber nada del autor.

En conclusión, si tienen curiosidad, sepan que está en el precio mínimo posible en Amazón: 89 céntimos de euro. Pero, vamos, con la creciente oferta que hay, no seré yo quien les anime a su lectura.

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