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Sostenía Hemingway, sí, que “lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión…”. Hablaba, en particular de los cuentos, a los que aplicaba su famosa “teoría del iceberg”; válida también para la novela, a mi juicio. Sostenía Don Ernesto que todo lo que un autor omite voluntariamente, refuerza el texto. El escritor lo sabe todo, pero no debe comunicarlo. Y así la imaginación del lector contribuye a la riqueza del relato.
Entre los escritores jóvenes parece que ya no se lee mucho a Hemingway. Te suelen contar el “iceberg” entero, como si no hubiera agua, como si el agua fuera lo de menos. Pero un lector al que se da todo hecho, está condenado a la pasividad y acaba pensando:
-¿Y qué más da leer esto, que ver la televisión?
Los aspirantes a escritores de mi época soñábamos con el Nobel. Los de hoy, sueñan con los “bestsellers” y el éxito económico/social.
Ni nosotros conseguimos nada que se pareciera ni remotamente al Nobel ni estos conseguirán los millones que ansían. Pero lo primero causa felicidad, porque la meta es hermosa y el solo intento compensa. Lo segundo, en cambio, solo contiene, me temo, semillas de frustración. Ay.
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