Nunca trabajo en un solo libro, porque me divierte más algo de caos, variedad e improvisación en todo lo que hago. Ahora, uno de los que estoy preparando consiste en una colección de Minicuentos, como los de mi blog homónimo. Estoy haciendo una selección entre el par de centenares escritos. Y además, voy escribiendo otros nuevos, para que el eventual lector disfrute también de algunos inéditos.
Tengo una enorme facilidad de escritura y por ello no suelo planear ni los temas ni lo que voy a escribir. Solo escribo y a ver qué sale. Por ejemplo, anteayer decidí hacer minicuentos sobre un cienpiés. Y de tirón, en poco más de media hora, tenía como una docena. La mitad, muy malos y los borré sin más. De los otros, he salvado un par de ellos para el libro. El resto, suelo dejarlo algún tiempo olvidado, por si dentro de algunas semanas hay alguno más que me parezca salvable.
Os regalo uno que ni he borrado, ni irá en el libro, ni es digno siquiera de figurar en el blog. ¿Por qué? Porque es de naturaleza efímera y remite a la actualidad política: algo por tanto que ni por asomo interesará a un niño (mis Minicuentos deben de ser capaces de hacer sonreír a un niño y a un adulto a la vez, o los destruyo) ni seguirá haciendo sonreír dentro de unos años.
Pero hoy creo que sí hará sonreír a los visitantes de este lugar.
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UN CIEN PIES EN MONCLOA

Un cien pies entro un día en la Moncloa y vio al presidente
-¿En qué consiste su oficio?
-En quitar para repartir. A usted por ejemplo, ¿le hacen falta acaso tantos pies?
-Pues…
El presidente ordenó arrancarle 50. Después se los puso a otro cien pies.
-Pero oiga –protestó el amputado- póngaselos a quienes no tiene ninguno, como los gusanos o las serpientes. Y no a quienes tienen tantos como tenía yo…
-¡Qué sabrá usted de política!

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