ImagenÉrase una vez un niño que de mayor quería ser músico. Pero no tuvo suerte. Nació en mal país, en mala época y en familia humilde.

-A ver, hijo, tienes que pensar en algo más práctico.

-La música es práctica, madre. Es práctica y más práctica, si no practicas muchísimo estás muerto.

-¡No me tomes el pelo o se lo digo a tu padre!

El niño no quería tomarle el pelo a su madre, pero es que ya desde pequeño gustaba de hacer chistes… Aunque no fueran muy buenos.

Su padre le dijo:

-¡Para músicas está el país y estamos nosotros!

Su país era entonces mucho más pobre que ahora, incluso con crisis. Y la enseñanza de la música no estaba al alcance de muchos; por no decir, de casi nadie. Pero el niño insistió e insistió:

-Seré músico, padre. He nacido para la música. No creo que aprenda nunca a hacer otra cosa.

Las padres, resignados, dejaron que se iniciara en la música.

-Aunque no sé de dónde vamos a sacar dinero para comprarte instrumentos y arreglarlos, hijo, con lo caro que es todo eso.

-¡Bah! –dijo el niño que de mayor quería ser músico-, por eso no os preocupéis, yo me encargo.

Y en sus ratos libres consiguió que le dejasen limpiar y mantener todos los fotomatones que había en su ciudad. Exactamente, tres; tampoco penséis que había más. Pero con las monedas que le daban por mantener limpios esos fotomatones, consiguió aquel niño mantener sus clases de música y tener algo para los instrumentos.

A todo esto, el niño que quería ser músico, llegó otro buen día y dijo a sus padres:

-Me voy a hacer de la Banda de Música de Zamora.

-¿Pero qué dices, hijo? Si no levantas un palmo del suelo y estás en edad de jugar…

-De niño es cuando hay que empezar. Ya he hablado con el director de la Banda y me ha dicho que sí, que vaya y empiece a aprender.

-¿Y quién es ese director?

-Un gran maestro que se llama Nacor.

-¡Vaya, pues sí que andará mal de gente, si admite a un niño…!

– La música no es como las otras cosas, madre. Es especial.

-¡Ah!

Pasó el tiempo, pasaban los cumpleaños y el niño que quería ser músico aprendía con tanto entusiasmo, que el director de la Banda le dijo una vez:

-Sigue así y quizá algún día el director de esta Banda seas tu.

El niño se apresuró a contarlo en casa:

-¡Un día seré director de la Banda! Me lo ha dicho hoy el señor director.

-Eso hijo; tu sueña, que los sueños son gratis.

-Pues lo seré y cuando el director sea yo, quitaré la gorra de los uniformes, porque aprieta la cabeza y no deja que los pensamientos respiren bien.

-Vaya. ¿Y cambiarás algo más?

-Si. Los uniformes son feos, como de militar. E incluso la música, cuando yo dirija, que creo que será… otro cantar.

-Pobre maestro Nacor, como se entere de lo que vas a hacer con su Banda.

-A él es al primero al que le gustará.

Lo cierto es que el niño que quería ser músico, limpia que te limpia fotomatones, llegó a serlo.

Lo cierto es que el niño que entró en la Banda de pequeñito la llegó en verdad a dirigir.

Y no es menos cierto que algunos años después, convertido en director de Banda, en profesor de conservatorio, en músico de verdad, pregunta a menudo a los niños que van a sus clases o tocan en su Banda.

-¿Y tu de mayor, qué serás?

Si le contestan:

-¡Músico, como tu!

El sonríe y les dice.

-Pues te digo dos cosas: ojo con quitarme la Banda y ya puedes ir buscando fotomatones para limpiar.

Si el niño replica:

-No entiendo nada, Petit.

Él ríe más, le alborota el pelo y añade:

-Lo primero es broma. Pero lo segundo, no. Ya lo entenderás.

Y colorín colorado…

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Este cuento, con muy poca fantasía o invención, fue escrito en noviembre del año pasado en honor al músico y director de la Banda de Zamora, José Ignacio Petit, para su lectura en la fiesta que le organizamos sus músicos. Él era el niño que quería ser músico, que lo logró, que llegó a dirigir la Banda de su ciudad y que casi 12 años después ha dejado la Dirección para tomarse un imprescindible respiro.

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