(En los próximos días voy a tratar de desmontar, uno por uno, los argumentos más utilizados por quienes defienden la piratería de libros y obras intelectuales en general. Lo he venido haciendo en múltiples discusiones de foros y redes sociales, pero de modo breve, fragmentario y disperso. Por ello, y dado que son discusiones interminables y repetitivas, expondré de modo sistemático mis puntos de vista al respecto).

 

PRÉSTAMO Y CLONACIÓN

Empiezo por uno de los argumentos favoritos o más frecuentes de los defensores de la piratería de libros, copiando el razonamiento que hace poco me hacia llegar uno de ellos:

La piratería es lo mismo que prestar un libro a alguien o abrir una biblioteca pública: un medio que permite que mucha gente conozca obras culturales que quizá de otro modo le pasarían desapercibidas.

La ausencia del lógica es palmaria y voy a tratar de razonarlo.

Para empezar conviene dejar claro lo que es un préstamo: yo te entrego algo de forma temporal que tu me tendrás que devolver. Si no existe esa temporalidad, si no hay que devolver lo prestado,  ya no será un préstamo, sino una donación o un regalo.

Cuando alguien envía a un amigo la copia digital o informática de un libro (o canción o película), ¿dónde está el préstamo? ¿Acaso quien hace el envío se queda temporalmente sin eso que envía? ¿Acaso el que lo recibe ha de devolverlo cuando lo haya disfrutado? No hay nada de eso, porque no hablamos en absoluto de un préstamo, sino de una “clonación”. En cada envío, se hace un copia perfecta, en nada diferente del original (que como tal no existe en lo digital). Si tú envías, por tanto, uno de mis ebooks a un amigo, lo que estás haciendo es regalárselo, pura y simplemente.

Ahora bien, a mi esa “clonación” particular, que no préstamo, no me importa demasiado e incluso puede que la agradezca, por lo que supone de promoción implícita.

Por lo que no paso es porque alguien, sin conocerte a ti, sin conocerme a mi, ofrezca un ebook mío en una página de descargas, para que el mundo mundial pueda pasar por allí y llevarse “un ejemplar”; o sea, una copia que no es tal, porque en la clonación no hay diferencias entre copia y original. ¿Imagináis que en las bibliotecas regalaran cada libro que se publica a cuantos vayan a buscarlo? ¿Habría podido existir nunca una industria editorial y autores dispuestos a perder sus mejores año escribiendo historias inolvidables?

La metáfora del préstamo y de las bibliotecas no se sostiene, se mire por donde se mire. Quienes ofrecen obras culturales protegidas, desde páginas de descarga abiertas y masivas, son ladrones o cómplices de ladrones como la copa de un pino: porque disponen de algo ajeno como si fuera propio (y para sus propios fines, que esa es otra). Ahí no hay préstamo que valga, ¿o alguien tiene que devolver la copia del libro cuando lo haya leído?

Y lo del “fomento de la cultura” no es más que una coartada insostenible; lo que se fomenta es el “todo gratis” y a medio plazo, el hundimiento de la cultura, puesto que ningún buen autor escribe para no recibir nada a cambio.

Por lo demás, y ya a título de anécdota, ¿alguien me puede decir qué fomento cultural o de la lectura hay en que se pueda leer el último Premio Planeta el mismo día en que sale a la venta e incluso un poco antes? (Cosa que ha sucedido: el libro premiado estaba en páginas de descarga pirata incluso antes de llegar a las librerías).

Y hasta aquí, de momento.

Próximo capítulo: Descargas piratas no equivalen a ventas frustradas o la piratería incrementa las ventas “como se demuestra” por el hecho de que los más pirateados son los que más venden.

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