¿ROBA QUIEN SE DESCARGA LIBROS GRATIS?

pirate-bookEn los debates que he mantenido sobre la “piratería” literaria, en múltiples foros y webs, hay un punto que siempre resulta difícil explicar o deslindar de modo diáfano. Los ánimos se calientan pronto, los partidarios del “todo gratis” ciegan con demasiada rapidez las argumentaciones racionales y a la postre uno se queda con la incómoda sensación de no haberse sabido explicar o de que se le ha entendido al revés. Hablo de cuando se menciona a los “piratas” o ladrones de libros. De inmediato se dan por aludidos y por insultados cuantos se descargan libros -u otros productos culturales digitalizados-: o sea, el noventa por ciento de los participantes.

Pues bien, voy a explicar qué entiendo yo por ladrones o “piratas” de productos culturales. No son, en modo alguno, los que de modo individual se los descargan. Son los que, sin permiso ni derechos, se apropian de esos productos y los ofrecen gratis a cuantos entren en su página y se los quieran descargar. No es lo mismo, ni mucho menos. Y para que se me entienda mejor pondré un ejemplo.

Supongamos que una banda de ladrones asalta un camión se frutas y se lleva toda la mercancía. Comen la que le parece y el resto lo pone en un puesto callejero, ofreciéndola gratis a los que la quieran. ¿Son ladrones los que pasen por allí y acepten el regalo? Claro que no. Ellos no roban nada ni a nadie. Los ladrones son los que ofrecen como regalo algo que no es suyo. Pero yo jamás critico a quienes se descargan gratis películas, música y libros, porque encuentran sitios donde se les ofrece así. ¿Quién va a resistirse a coger algo que te regalan, aunque pueda costar tan solo un euro o menos?

Los “piratas”, los ladrones, con todas las letras, son, para mi, quienes hacen posible esas páginas de descarga indiscriminada. Esos no tiene nada que ver con las bibliotecas, ni con los préstamos, ni con metafóricos “Robin Hood” de ningún tipo. Mis libros son míos, porque yo los he escrito, cómo y cuando me ha dado la gana. Por tanto solo yo, si quiero, los regalo. Y de hecho lo hago a menudo, como bien saben mis más fieles seguidores: pero en mis páginas, a mi manera, de modo particular, y no autorizo ni autorizaré que otros “jetas” lo hagan en mi nombre (al tiempo que se lucran a mi costa, porque es así y porque nadie puede mantener una página de descargas si no consigue ingresos vía publicidad).

Pero solo a esos me refiero cuando hablo de “piratas” o ladrones. Ahora bien, mientras esos existan y puedan proseguir con su letal tarea (letal, sí, porque desmotiva la creación) entiendo que haya lectores, jóvenes en particular, que se descarguen lo ofrecido. ¡Pues claro, como yo si volviera a mi época de estudiante, sin dinero en el bolsillo y muchas ganas de leer!

Tengo muy claro, pues, que no se trata de perseguir o criminalizar a los consumidores del “todo gratis”. Se trata de evitar, por todos los medios, que los “piratas” puedan comerciar con su botín; y digo comerciar conscientemente, puesto que el fin último suele ser siempre comercial: si consiguen una web con muchas visitas, tendrá publicidad e ingresos. Lo demás -eso de que lo hacen por la cultura y por los desfavorecidos- son cuentos chinos que se les “compra” porque es maravilloso esto de la gratuidad… siempre que no te afecte a ti.

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