EL ARCO DE LA INMORTALIDADBuena parte de los relatos de este libro me acompañan desde el inicio de mi vida literaria. Pese a no ser muchos, solo diez, y no demasiado extensos, podría haber titulado el volumen “Mis cuentos completos”, pues, de hecho, están casi todos los que he escrito desde que empecé emborronar folios. Entendámonos: todos los que han sobrevivido a las sucesivas purgas, pues en cada revisión –y han sido infinitas en las décadas que llevan conmigo- han ido cayendo los peores o los que menos me acertaron a convencer.

Lo cierto es que este del relato no es un género que haya llamado demasiado mi atención, sencillamente por su carencia histórica de mercado en España. En otros países, en Sudamérica, por ejemplo; no digamos en EE.UU., sí que existe un público ávido de cuentos o relatos cortos, que compran los libros que los recogen o las revistas en que se dan a conocer. Eso en España, tradicionalmente, no ha existido. En ficción, el mío es un país de novela. Y si ya resultaba y resulta complicado publicar una novela, mejor no pensar en lo que te diría un editor al que le fueras con una colección de cuentos o relatos. De ahí, ya digo, que nunca haya frecuentado demasiado el género.

Los cuentos aquí recogidos son de dos tipos, esencialmente. La mayor parte procede de mi juventud, de mis primeros años de escritor, inédito aún y buscando estilo, camino, mi propia horma. A esa etapa de búsqueda y a veces de experimentación corresponden “El arco de la inmortalidad”, “Viento es la distancia”. “La voz más bella del mundo”, “Las fuerzas del mal” y “Las manos vacías”. Contaré algunos detalles que pueden interesar al lector sobre tres de ellos.

EL ARCO DE LA INMORTALIDAD es el que más me obsesionó durante muchos, muchos años. De hecho, tiene la estructura interna de una obsesión, de un sueño, de una pesadilla extraña; me parece más fabricado con mimbres de lo onírico que del mundo real. Durante mucho tiempo estuve convencido de que en él anidaba o podía germinar una novela. Pero cada vez que lo reabría y examinaba, en vez de expandirse, crecer; se reducía más, pues nunca dejaba de hallar palabras superfluas o equívocas, que eliminaba de inmediato y sin compasión. Ha quedado reducido así a su esencia más pura y dura. Fue bastante más extenso, pero estoy convencido de que nada de lo eliminado añadía nada imprescindible a lo que ha sobrevivido. Argumentalmente, es el relato más oscuro. Pero que nadie me pregunte, tras leerlo, por su significado: si lo supiera creo que es cuando hubiera podido transformarlo en novela. (Aunque no sé si en cierto modo no lo hice: mi novela “El Beso del tiempo”, que es posterior, conserva bastante del “alma” de este relato, aunque modificara sustancialmente la “piel”).

De LAS FUERZAS DEL MAL creo pertinente contar que antes que relato fue guion de cortometraje. En mis años de estudiante en Madrid quería ser director de cine, entre unas cuantas cosas más, e hice algún cortometraje en Super-8. El segundo de ellos se tituló “Malvas” y sirvió para convencerme de que lo único que yo podía hacer medianamente bien en el mundo del cine era escribir el guión, lo único salvable de aquel corto que escribí, produje, dirigí y hasta interpreté. Pues bien, este relato viene a ser aquel guión, algo más “literaturizado” algún tiempo después.

Curiosa es igualmente la historia que encierra LAS MANOS VACÍAS, el relato elegido para cerrar este libro, aunque cronológicamente sea de los más antiguos y quizá incluso el primero. A falta de recuerdos precisos, me baso para datarlo en que es el único del que sé a ciencia cierta que fue escrito a mano, cosa que solo hice en mis primeros años de estudiante en Madrid. Pronto, mis padres me compraron una máquina de escribir y jamás he vuelto a escribir sin darle a algún tipo de teclas. Encontré este relato hace poco, entre la tonelada de papeles metidos en carpetas que me sigue a todas partes. En una de las carpetas aparecieron unos cuantos folios de escritura manual apresurada y empecé a leer por curiosidad, pero pensando que contendrían solo alguna historia inconclusa, como sucediera tantas veces. Para mi sorpresa, sin embargo, esta historia sí que estaba completa. Era obvio que la había escrito en su momento de un tirón; y que, sin corregirla ni releerla, la había metido en una carpeta donde la olvidé. Pero tenía sentido, me pareció que no estaba nada mal, la pasé a ordenador, la pulí mínimamente y la recuperé. Me sorprendió del relato, sobre todo, la forma en que había sido escrito: a modo de diario y hacia atrás en el tiempo, sin perder por ello el interés ni la tensión narrativa. Es uno mis favoritos en este libro, tanto por esa originalidad, como por el escalofriante tema en si.

No creo que sea excesivamente posterior a ese primer bloque de relatos de juventud, EL JUEGO DE LA COMETA. Es, desde luego, el siguiente por orden cronológico, pero me suena más de mi etapa salmantina, ciudad en la que viví algunos años, tras concluir estudios y empezar a trabajar como periodista. Esa historia tiene como peculiaridad que es uno de los muchos intentos que ha hecho por emerger en mi obra literaria un personaje sin suerte, Juan Dársena. El protagonista de este cuento se me ha colado en algún otro más e intentó protagonizar una novela que no pasó de unos primeros y prometedores folios. Por ahora, sin embargo, no ha logrado su objetivo de llegar a ser uno de mis grandes personajes. Aunque sigue por ahí, por mi cabeza, merodeando y esperando su oportunidad.

Después de “El juego de la cometa”, habría que situar SUCIO REALISMO, que no es en realidad más que una broma literaria escrita cuando se puso de moda el “realismo sucio” americano; movimiento que me pareció de lo más banal y del que quise hacer burla utilizando sus mismas armas.

UNA MUJER TAN, TAN FELIZ es bastante reciente. Pese a lo cual no sé a cuento de qué lo puedo haber escrito, estando tan lejos temáticamente de lo que suele interesarme. No obstante, me pareció que tenía cierta gracia y, no sin dudarlo mucho, lo he dejado estar.

TRASTES es el último de los que he escrito. Formó parte de un libro colectivo que se repartía gratuitamente y para el que me pidieron un “cuento de Navidad”; pero no sé si al lector le parecerá que cumplí con demasiada obediencia el encargo. El relato, con todo, puede ser uno de los que más guste de este volumen, por su factura “clásica”, su tono de ingenuidad y su trasfondo temático.

Finalmente, debo decir algo de EL VERDADERO DON QUIJOTE ES DE MI PUEBLO. Como en el caso anterior, lo escribí cuando me pidieron participar en un volumen colectivo de homenaje al gran libro de Cervantes, que editó el sello salmantino Celya en 2005. Decidí entonces que mi homenaje a Don Quijote y a Cervantes lo fuera en todos los sentidos, tanto en el tema o contenido, como en la forma. Esta, por si alguien quiere comprobarlo, viene a ser el primer capítulo del Quijote, tal cual, con el mismo o parecido número de palabras, y modificando éstas solo en la medida en que era imprescindible para contar una historia o relato diferente. Creo que el resultado resulta, cuando menos, curiosísimo, estimulante y francamente divertido, en más de una dirección.

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Prólogo de “El arco de la inmortalidad”. Disponible, tanto en papel como en ebook en Amazón, Createspace o mi Web.

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