El fantasma de Mañueco

Barrunto que un fantasma persigue a Mañueco, presidente de Castilla y León, desde el día en que disolvió las Cortes autonómicos y adelantó las elecciones. 

Y no, no es el de Vox. A Vox el adelanto lo pilló mirando para Andalucía y aún no ha acabado de volverse. Cualquier día de estos pedirán el voto para Olona, olvidando que su candidato es un señorito de Burgos, al que no conocen ni en su coto a la hora de cazar.  Tampoco es el fantasma de Ciudadanos, aunque justo esté en proceso de “fantasmización”: algunos creen verlo, pero ya no está, por mucho que el exvicepresidente que lo encabeza, el tal Igea, se esfuerce en gesticular.  Ambos partidos preocupan muy poco a unMañueco que se sabe tan de derechas como Vox y tan “liberal” como Ciudadanos. 

Aún le preocupa menos el PSOE, que en Castilla y León es poco más que nueve sucursales muy adormecidas del partido que gobierna la nación. No vayáis a creeros eso de que aquí no hay alternancia porque las gente es vieja, tonta y fácil de manipular. Esto último, o sea, puede, pero como en cualquier otra Autonomía o en el conjunto del país. Pero si no hay alternancia desde Aznar es, en realidad, porque sin alternativa ya me dirás tú. Además, sabido es que la oposición no gana nunca: son los gobiernos los que pierden.

Ni siquiera La España Vaciada es un fantasma que pueda hacer temblar al candidato del PP. Le inquieta, si acaso. Pero solo en Soria, donde le puede costar un escaño e incluso dos. En las demás provincias, lo que se ha presentado tiene poca consistencia y de lograr algo será mordiendo electorados mayoritariamente ajenos.

El de la abstención, majetes. Ese es el fantasma que no deja dormir a Alfonso Fernández Mañueco. Y ya veremos si a partir del 14 no se le convierte en insomnio crónico. Como armas políticas que son, a los adelantos electorales los carga el diablo. Y este puede ser letal para su convocante, porque Castilla y León carece del más mínimo sentimiento identitario y sus elecciones despiertan poquísimo interés. Hasta ahora, eso se ha enmascarado al coincidir siempre Autonómicas con Municipales, de modo que las gentes, ya que salían a votar a sus alcaldes, votaba también en la urna de al lado. ¿Pero qué pasará cuando por primera vez tengan que ir votar solo a quienes no saben a qué se dedican en Valladolid? La única vez que se votó de forma aislada para unas elecciones “lejanas”, las europeas, ni la mitad del censo se acercó las urnas. ¿Y si pasa ahora? Para colmo, es pleno invierno, con un frío que pela, con nieve quizá o con lo que pueda caer ese día en la Comunidad más envejecida y desperdigada de España, donde miles de electores tendrán que desplazarse a otros municipios, en coche si lo tienen y por vías accidentadas.

El fantasma de la abstención es, por ello, lo que más nerviosos tiene a quienes estos días usan la cabeza en el PP (que alguno queda). Solo una alta participación les puede procurar una mayoría suficiente. De lo contrario, el beneficio será para las listas que tienen votantes más urbanos, jóvenes y motivados, como Vox, UP, UPL y las candidaturas localistas. Auguro, pues, que si los primeros datos de participación en la jornada electoral van hacia abajo, a Mañueco le entrará dolor de tripa. Y de confirmarse, diarrea generalizada. Yo iría haciendo acopio de papel higiénico.

Publicado en «Público» el 5 de febrero de 2022

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