Lecturas: COMUNEROS, de Miguel Martínez

Debo comenzar con una confesión, algo embarazosa. Apenas sabía nada de la historia de los Comuneros, de su revuelta. Peor aún; creyendo saber algo, lo llevaba sin problema. Algo, claro, había leído por ahí, en artículos, menciones de pasada en libros de historia; también he ido a Villalar y he estado junto al monolito donde ajusticiaron a Padilla, Bravo y Maldonado; sabía del protagonismo del obispo Acuña, que acaudillaba a los zamoranos comuneros… Pero nunca había leído un libro centrado solo en el conflicto y contándolo con el debido detalle. Y ahora que lo he hecho, con este libro subtitulado «El rayo y la semilla», me he quedado con ganas de más, y tengo ya un lista de obras sobre lo mismo, para hincarle el diente y estudiar a fondo lo que para el autor fue una de las primeras o la primera gran revolución de los abajo, no solo de España; o de lo que hoy es España.

Ya el prólogo alerta de que el libro va tener una perspectiva para mi inesperada y enriquecedora: hablar del presente a partir de unos hechos terribles y deslumbrantes del pasado. Y es que el prólogo de este libro tan reciamente castellano lo escribe un catalán de izquierdas, Xavier Domènech, que le da un primer enfoque absolutamente enraizado en el presente y con conceptos actuales. Pero otro tanto sucederá a lo largo del libro, con el autor, Miguel Martínez, señalando que nuestras últimas revueltas, sean mayo del 68 en Francia, el 15M español, el nacimiento de Podemos; o más atrás, la mismísima revolución francesa; algo tienen que con lo ocurrido en 1521 en el reino de Castilla, cuando los de abajo, con apoyo de buena parte del clero, de la incipiente burguesía de los mayores municipios e incluso algo de la nobleza no demasiado alta, se alzaron contra la monarquía corrupta de un chaval de Flandes. Ese chaval, llamado Carlos, ni siquiera hablaba castellano y en su nombre llegaron a vaciar las arcas y graneros de Castilla sus validos y representantes. El pueblo se alzó en armas, ciudad a ciudad, pueblo a pueblo, tratando de levantar un gobierno federado, descentralizado, democrático y más justo. Y pudo conseguirlo, en cuyo caso la historia de España hubiera sido muy distinta y sin duda infinitamente mejor. Pero en estas tierras parece que toda la fuerza se nos va por la boca o que alguna maldición provoca que siempre ganen los peores. Y también en la revolución comunera acabaron venciendo los de siempre: la monarquía, la alta nobleza y los dueños literales de Castilla.

Aconsejo el libro, por la maestría con que el autor nos hace leer esa historia de hace medio siglo con palabras de ahora mismo. Lo que hoy es la España Vacía o vaciada o insignificante se entiende mucho mejor a la luz del relámpago fallido que fue la gran revolución comunera. En unos días volveremos en Castilla y León, un fragmento desarticulado de aquella gran Castilla comunera, a «celebrar» la fiesta de Villalar, yendo a la campa donde fue derrotada la esperanza febril de nuestros antepasados y donde ejecutaron a tres de sus inolvidados líderes. Buena excusa para abrir este libro, quien aún no lo haya hecho. No se arrepentirá, sea o no sea de estas tierras.

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Algunos de mis subrayados de COMUNEROS: El rayo y la semilla (1520-1521)

«Las cofradías y las procesiones tienen entre sus propósitos el fortalecimiento de los vínculos sociales, la sedimentación ritual de una serie de valores compartidos, la consolidación en el tempo de un orgullo que tiene mucho de local y comunitario. Por tanto, parece en efecto una forma inmejorable de unir y animar al pueblo, de activar o constituir un sujeto político con el aliento suficiente para la titánica tarea a la que se enfrentaban (los comuneros)».

«A pesar de la sostenida resistencia de las ciudades en las Cortes, la historia social del siglo XV se caracteriza por la codicia acaparadora de la alta nobleza».

«Fue la intervención de los nobles lo que impidió que en varias ciudades triunfara la revolución, temporal o permanentemente. Y a ellos se debe, exclusivamente, la derrota militar de la apuesta comunera».

«La identidad comunera se constituyó a partir del desborde de identidades sociales previamente constituidas. Y seguramente tuvo su principal combustible en una ambición de justicia que durante algunos meses resultó creíble para el bachiller salmantino, para el cardador segoviano y para el fraile dominico».

«Los campesinos (y los pueblos) no se levantan a la ligera porque siempre tienen demasiado que perder».

«En 1520 algunos y algunas imaginaron un mundo sin rastro de nobleza, una república enteramente plebeya y, tal vez, igualitaria».

«Solo se rebelan los pueblos que aspiran a lograr algo. Los pueblos completamente desesperados rara vez se levantan. Y por eso este cultivo de la esperanza, esta cultura de la expectación, es tan importante para explicar esta y otras revoluciones».

«De lo que se trataba, para radicales y moderados, era de repensar y rectificar el orden institucional del reino, violentado por un rey corrupto y por los dueños robadores de la tierra».

«El 21 de abril, las fuerzas imperiales estaban listas para el combate: más de seis mil infantes y dos mil cuatrocientos caballos…»

«La derrota de las ciudades castellanas en 1521 significó, en el medio y largo tiempo, la abolición de la tradición parlamentaria, la perpetuación de un fiscalizad despótica e ineficiente y la destrucción de las legítimos tradiciones de autogobierno de los pueblo peninsulares».

«La derrota de los comuneros no solo acabó con Castilla, sino que cortó por lo sano cualquier posibilidad de articulación virtuosa entre los diversos reinos de España».

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«Comuneros. El rayo y la semilla», de Miguel Martínez, está publicado por Hoja de Lata Editorial. No se me ocurre mejor lectura cuando se cumplen 501 años de una derrota que permanece imborrable en la memoria colectiva.

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