virutas y hojarascas

blog de notas literarias e intermitentes

Un cuento

Publicado por Braulio Llamero en 28, febrero, 2012

Proliferan los sitios de autopublicación. El último que he conocido, liibook, me ha hecho gracia y he colgado en él uno de los cuentos de mi libro ”EL BURRO DEL RABO AMARILLO”. Si alguien lo quiere leer, gratis por supuesto, clica este enlace.

http://www.liibook.com/leer-6479_la-gallina-que-no-poda-dormir.html

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El capitán Garfio contra mi libro

Publicado por Braulio Llamero en 26, febrero, 2012

Pues, nada, gente. Como era de suponer, en estos tiempos sin ley en los bravíos océanos de Internet, mi flamante novela, EL BESO DEL TIEMPO, el primer libro que se me ocurre ofrecer como ebook, ya cayó en manos de la piratería internacional.  No ha pasado ni un mes desde que lo puse en venta en Amazón, por el “exagerado” precio de 2,68 euros, y ya está disponible en descarga gratuita y en todos los formatos por cualquier sitio pirata que se precie. En nombre de la Cultura y la Libertad de Expresión, faltaría más. Y si protestas o te quejas, eres un retrógrado, un codicioso y un tipejo despreciable que solo quiere enriquecerse en nombre de la Cultura. No como el moderno Capitán Garfio y sus “piratas”, esas gentes bondadosas, generosas y  altruistas que dedican su tiempo a difundir gratis la cultura y los libros, por encima de los prescindibles y más bien despreciables autores de esos libros. Qué cosas, oye.

Por si queréis saber más, os dejo el comienzo y enlace a un estupendo artículo sobre mi caso, publicado en Zona Ereader:

¿Cuanto tiempo tarda en piratearse un libro recién publicado?

 “El beso del Tiempo”   novela de Braulio Llamero,  publicada en Amazon hace menos de un mes con un precio de 2,68 euros y que fue ofrecida gratis durante unos días, ha sido pirateada en los sitios habituales de internet, pudiendo conseguirse en todos los formatos standard del mercado, no sólo en el de Amazon, cuyo DRM ha sido “crackeado” por los que se han apropiado de su obra para difundirla gratuitamente por la red…

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Publicando en el siglo XXI

Publicado por Braulio Llamero en 1, febrero, 2012

Escribí hace mucho, mucho tiempo una novela. Nada que ver con mis libros para niños. Otra cosa. De más enjundia, más ambición. La quise perfecta, como buen novato, y le dediqué muchos años, no menos de cinco. La quise intensa, intensísima y rehuí lo extenso: no llegó a las 200 páginas en papel. La trabajé y pulí, línea a línea, palabra a palabra, como un poseso. Al final del proceso, me encontró con algo diferente, raro, fascinante para mi… ¿Pero cómo la recibiría el exterior, esos desconocidos de ahí fuera, tu mismo…?

Tardé en obtener respuesta, si es que le he obtenido. Pasaron los años y no conseguí que editorial alguna se interesara por la novela y quisiera publicarlas. Los libros de niños, sí, me los seguían publicado. Pero la novela no hubo forma. ¿Tan mala era? Yo no lo creía. Ninguno de los pocos amigos a los que dejé leerla me insinuaron siquiera que lo fuera: todo lo contrario.

La no publicación es el peor fantasma del escritor, me temo. ¿Si no te publican, qué sentido tiene seguir escribiendo?

Temeroso de esa pregunta/maldición recuerdo que nada más acabar esa primera novela, me puse con una segunda. Más ambiciosa aún, con más pretensión aún de lograr-ya sé que está feo decirlo, pero creo que es lo que siempre hay que intentar- una obra maestra. Algo había aprendido y en ese segundo intento “solo” necesité dos años para acabarla. O, mejor, para darla por acabada.

Pero mientras tanto la segunda seguía inédita. Y lo siguió hasta que diez años después de escrita, casi por azar, me dio por enviarla a una editorial modestísima, cuyo editor (y plantilla en pleno) se entusiasmó con ella y hasta le dio el premio anual que entonces convocaba.

Se publicó, pero la editorial, ya digo, era más un empeño que una realidad y apenas tuvo distribución, más allá de mi propia provincia y alguna más de los alrededores.  No sé si se llegaron a vender los mil ejemplares que el editor dijo haber impreso, puesto que nunca recibí liquidación (ni la pedí o quise, visto lo que vi, dije al editor que me pagase con ejemplares para regalar a las amistades).

Aún así, la precaria publicación algo me permitió intuir sobre lo que los otros veían en esa primera novela mía y siempre he querido darle una segunda oportunidad. El problema es que por el camino perdí la fe en las viejas editoriales de papel. Si solo después de diez años conseguí publicar mi primera tentativa literaria “seria”, la segunda, esa segunda novela que empecé inmediatamente después, sigue inédita y en un cajón… Desde hace ya… ¿14, 15 años?… Por ahí andará.

Por eso, tras mucho pensarlo,decidí tomarme en serio el siglo XXI, tan diferente en planteamientos editoriales.

Es solo una primera tentativa, más experimental que otra cosa, pero acabo de publicar en Amazón, en todas las tiendas Amazón del mundo, mi primera novela: EL BESO DEL TIEMPO. Y aunque seguramente no venda cifras significativas, puesto que la tecnología está aún verde y son pocos los que a mi alrededor tienen un Kindle, el dispositivo para el que se hace esa publicación, planeo publicar ahí, por primera, vez la novela que escribí después.

Y si vuelvo a hallar la fuerza que me hizo perder la no publicación de ambas en su momento, ahí o en otros formatos de ebook iré publicando lo que pueda escribir después.

Algunos tardamos en asimilarlo más de un década, pero el siglo XX es historia. Y en algunos aspectos, no la mejor.

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La cultura e internet

Publicado por Braulio Llamero en 1, marzo, 2011

En Internet, dicen a menudo, se ha instalado “la cultura de lo gratis”. Me hace gracia la expresión. Qué tendrá que ver cultura con gratuidad. Sería más correcto hablar de que se ha instalado la costumbre de que en Internet todo tiende a ser gratis… salvo Internet en si, pues es sabido que España es uno de los países más caros del mundo a la hora de conectarte a esa “autopista de la información”. Se quejan los cineastas, con razón, de que Internet es una selva sin ley donde puedes encontrar cualquier película, incluso de estreno y verla por la cara. Se quejan los músicos, con razón, de que ya no hace falta comprar sus discos; uno puede encontrar todas las canciones en Internet, descargarlas por la patilla y después pasarlas a un disco, ordenándolas además como nos venga en gana. Los escritores nos quejaremos muy pronto –en cuanto la mayor parte de los lectores tengan su aparato electrónico de lectura o “ereader”- porque todos los libros están ya en Internet esperando  a que los pase a su ordenador quien quiera y sin soltar un céntimo.

-Es la cultura de lo gratis, que se ha instalado en Internet y nadie quiere ya pagar por nada –dicen algunos, pesimistas.

La frase en si es un tontería. Por Internet se vende hoy día de todo, desde televisores a cámaras de fotos, pasando por libro de papel y cuanto puedan imaginar. Pues bien, por todo eso se paga. Faltaría más. Y si no, naturalmente, nadie te lo manda. Con lo único que hay problemas es con lo que se ha “volatilizado”, hecho humo, con lo que ha perdido cualquier tipo de sustancia, con lo que se ha hecho inmaterial; esto es, con lo que se ha transformado en “digital”. Estamos acostumbrados a que se comercie con lo físico, con productos tangibles, con cosas concretas:

-Yo te doy este objeto y tu me das dinero a cambio.

El problema es cuando lo que queremos vender no tiene consistencia física. En la música, la consistencia física la daba el soporte, el disco o cinta, la funda que los envolvía. El cine solo era posible verlo si se contaba con la bobina de celuloide donde estaba grabada la película y con las máquinas que permitían proyectar las imágenes de la bobina; para todo lo cual se necesitaban lugares especiales, a cuya entrada se podía cobrar a los interesados. Los libro solo podían leerse si estaban escritos sobre papel, en un soporte llamado libro, del que se hacían tantas copias como posibles personas se calculara que estarían interesadas en pagar por leerlos. La revolución de Internet ha consistido en que permite eliminar la necesidad de soportes físicos para todas esas artes (y también para los periódicos y revistas). De modo que de la música solo se necesita la música en si, reducida a datos invisibles que podemos reproducir con aparatos que hay por casa y que solo tenemos que comprar una vez. Para ver cine tampoco es necesario ir a una sala exterior o alquilar un DVD: las películas también son ahora datos invisibles, lenguaje digital, que podemos “empaquetar” de mil maneras y verlo de otras tantas. Con los libros, desde que las viejas máquinas de escribir o la caligrafía manual fueron sustituidas por los datos invisibles del lenguaje digital de los ordenadores, pasa otro tanto. Ya no mandamos a las editoriales un montón de folios, por triplicado y con el nombre de “novela”. Ahora mandamos un correo electrónico y, como documento adjunto, la obra que durante meses o años hemos estado tecleando y puliendo: aparentemente es lo mismo de antes, una novela; pero en realidad es algo sin consistencia física, que en apenas unos segundos pasa de mi ordenador al de cualquier editorial… Como podría pasar, y por ahí va el futuro, de mi ordenador al de los lectores, sin necesidad alguna de intermediarios.

Es decir, el paradigma de la transmisión cultural hasta ahora vigente se ha modificado de pronto y de raíz. Todo lo que hemos conocido, todo eso que suelen llamarse industrias culturales, está a punto de cambiar, está cambiando ya. La cultura del siglo XX, la del XIX, no va a tener nada que ver, pero nada y en ningún sentido, con la cultura del XXI y siguientes, a punto de estallar, estallando ya. Así es como ve uno esas cuestiones, desde este rinconcito remoto, amable y periférico del mundo. No sin pena y hasta nostalgia, claro, pues ese que agoniza es, desde luego, mi propio mundo cultural.

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El violín de Einstein

Publicado por Braulio Llamero en 27, octubre, 2009

einstein_violin“Una de las cosas más desconcertantes del arte es que sus formas son tan numerosas y tan diversas que desafían todo intento de encontrar un denominador común. ¿Qué tienen intrínsecamente en común la califrafía japonesa y con concierto de heavy metal?… Y, sin embargo, en ambos casos se trata de arte; reconocemos el arte donde lo vemos…”

“Creo que la esencia del arte radica menos en las propiedades intrínsecas de los objetos artísticos que en la naturaleza de lo que hace por nosotros. Lo que propongo aquí es que el origen y la función del arte son análodas al origen y la función del deporte. Pero si la razón de ser del deporte es ejercitar el cuerpo, el corazón, los pulmones y los músculos; la razón de ser del arte es ejercitar la mente, ejercitar el cerebro con sus numerosas y diversas funciones perceptuales y cognitivas. Propongo que la función del arte en la sociedad es es proporcionar ejercicio para la mente y para los sentidos, y de este modo reforzar la potencia del cerebro de una forma abierta, no vinculada a ninguna tarea práctica concreta…”

“… La idea del arte como refuerzo para la mente ya ha penetrado en la conciencia pública, o al menos en el subconsciente público. Los padres les ponen a sus hijos (o incluso a sus fetos) música de Mozart con la esperanza de que ésta mejorará su desarrollo cognitivo. Igualmente conocida es la asociación entre el genio científico o político y las aficiones artísticas; basta con pensar en el violín de Einstein y en la paleta de Churchil…”.

……………………

ELKHONON GOLDBERG: “La paradoja de la sabiduría: cómo la mente puede mejorar con la edad”. Editorial Crítica, colección Drakontos.

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Yo (y mis circunstancias)

Publicado por Braulio Llamero en 3, febrero, 2009

“De pequeño siempre quise ser escritor. Pero no sabía si algún día lo conseguiría y ganaría algo con ello; por eso busqué una profesión que me diese de comer. Elegí Periodismo, porque también consistía básicamente en escribir. He sido periodista durante un cuarto de siglo y no puedo quejarme: comí todos los días. Al tiempo, he conseguido también escribir algún que otro libro; casi una veintena, en su mayor parte de Literatura Infantil. Pero no estoy contento. Aún no he dado a la imprenta el único libro que siempre he querido escribir: el mejor del mundo. Así que al periodismo lo he dejado de lado, porque ya no lo necesito para comer; pero sigo con la Literatura porque la necesito para vivir. Y porque sé que aunque nunca alcanzaré mi objetivo, el mero intento vale la pena (y da frutos)”.

(Acabo de escribir este texto, porque me pedían una presentación “desenfadada” para un Catálogo de Autores. Me ha parecido que también quedaría bien aquí. Perdón por el inevitable narcisismo).

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