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UNO. El pirateo literario no se inventó en estos tiempos de Internet y mutación del libro, que va, que va. Ya hace muchos años, décadas, a mi me piratearon este libro: “Alas de astronauta”. No me refiero a que lo fotocopiaran o copiaran de mala manera. Me refiero a que fue publicado en su día por un editorial hecha y derecha, legal, de España, pese a que yo había revocado o desautorizado, en tiempo y forma, su publicación. Esa editorial, llamada Júcar y con domicilio social en Gijón, no me hizo el menor caso, ni me respondió. Siguió adelante con la publicación del libro. Y no solo eso: jamás me notificó una sola liquidación, jamás me pagó un céntimo. Pese a lo cual, aún hay librerías por ahí que ofrecen algún resto de aquella edición… ¿Que si lo denuncié? No. Tengo fobia a los abogados y pensé que si conseguía algo nunca sería ni por asomo de un importe aproximado a la previsible minuta resultante. Por lo demás, aquella editorial andaba en quiebra y por eso precisamente, cuando lo supe, intenté parar la edición.

DOS. Pero vayamos al origen. Al origen del libro, que es lo bonito y lo que el eventual paseante de este blog querrá saber. Es mi segundo libro para niños. Lo escribí en 1987, en Salamanca, ciudad a la que acababa de llegar, por motivos de trabajo. Y recuerdo perfectamente las circunstancias. Es el libro que me menos tiempo y esfuerzo me costó: en diez días lo escribí tal cual, canciones o versos incluidos. Tanta rapidez tuvo una explicación. Por aquel entonces yo seguía con mi primer libro para niños, “La rebelión de los duendes Alegres”, sin publicar, pese a haberlo escrito un par de años antes. No sabía qué hacer con él ni dónde mandarlo. De pronto, me enteré de la existencia del Premio “El Barco de Vapor” y decidí enviarlo. Pero si siempre había estado convencido de que era un gran libro, ese convencimiento se resequebrajó nada más facturar el paquete a la dirección del premio. Sus virtudes me parecieron de repente sus defectos: demasiado largo, demasiao ambicioso, demasiados personajes… “Nada, no iba a ganar ni por asomo”, me dije con enorme pesimismo. Para ganar seguro que había que enviar un libro que fuera su antítesis: breve, ágil, con pocos pero muy definidos personajes, con canciones, escrito de tal modo que pareciese un tobogán para el lector: una vez que lo empiezas a leer no puedes parar hasta el final.

TRES. Obsesionado con estas ideas, me puse a trabajar febril en mi ruidosa máquina de escribir. Todos los días de esa semana intensa, en cuanto volvía del trabajo y comía, me sentaba a la máquina y tecleaba hasta que no podía más. Aún quedaba un mes de plazo, más o menos, para que se cerrara el concurso al que había enviado el libro anterior. Me sobraron semanas. En una el borrador esencial del libro estaba listo. En dos días o tres más lo corregí, pulí, fotocopié y encuaderne por tiplicado. Y se fue también a concursar en el Premio “Barco de Vapor” del mencionado año de 1987.

CUATRO. Durante los meses que siguieron hasta el fallo del jurado soñé muchas veces con que sonaba el teléfono y me anunciaban que mi libro era el ganador. Y no tenía dudas: sería “Alas de Astronauta”. Pasaron esos meses y, en efecto, un día sonó el teléfono y al otro lado estaba alguien del jurado.

-¿Es usted don Braulio Llamero?

-Sí, señor. Lo soy.

-Pues permítame que le de la enhorabuena. Acabamos de fallar el premio al que usted se presentó y ha sido uno de los ganadores.

-¿Con qué libro? -me apresuré a preguntar.

Noté lo sorprendido que se quedaba el hombre al otro lado de la línea:

-¡Ah…! ¿Mandó usted más de uno?

-Dos.

-Pues el que ha ganado es… “La rebelión de los duendes Alegres”.

Ese libro era el que había obtenido el tercer premio de ese año, último por cierto en que el famoso galardón premió a los tres primeros clasificados. A partir de la siguiente convocatoria y hasta hoy solo se da un Primer Premio y un Accésit.

TRES. “Alas de astronauta” no solo no ganó. Se convirtió en uno de mis libros “malditos”. Mientras otros que escribí después tenían éxito, se publicaban e incluso ganaban premios, ese seguía un cajón, acumulando rechazos cada vez que lo enviaba a alguna editorial. Después de varias devoluciones, lo reescribí en su totalidad en 1991. Año y pico después conseguí que en una editorial gustara y se decidieran a publicarla. Pero la maldición del libro continuaba y no tardé en enterarme de que esa editorial atravesaba por dificultades e iba a cerrar o a malvenderse. Escribí denunciando el contrato ya firmado y pidiendo que se anulara, puesto que el libro aún no estaba publicado. Como dije al principio, nadie me respondió ni hizo el menor caso. Publicaron el libro. Jamás me informaron de tirada o ventas, ni me pagaron un céntimo. Y aun se encuentran ejemplares de aquella edición “pirata” y malhadada por librerías de Internet.

CUATRO. A mi me sigue pareciendo un libro hermoso, entrañable, ágil y facilísimo de leer. Pero puede que esté más cegado que un topo, como efecto del típico cariño del creador hacia sus criaturas. En todo caso, tenía ganas de darle a este libro otra oportunidad, una real. Y por eso he querido que fuese mi primera novela infantil en edición digital, tras tantear el terreno con otro par de libros. Ahora, será el lector, por fin, quien diga al respecto lo que tenga que decir.

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ALAS DE ASTRONAUTA se vende, como libro digital, en todas las tiendas AMAZON y en mi propia web.

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